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Marielle Franco

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Marielle Franco fue una socióloga, activista y política feminista de Río de Janeiro, Brasil. Trabajó con organizaciones sociales por largo tiempo y empezó a militar en la defensa de los derechos humanos a partir de una experiencia sumamente dolorosa: la pérdida de una amiga en medio de un enfrentamiento entre policías y traficantes. En su página web, Marielle nos mostró fragmentos de su identidad, al decir, “soy mujer, negra, madre e hija de la favela de Maré”. En el 2016, ella fue elegida como concejala de la Cámara Municipal de Río de Janeiro con una de las votaciones más altas. Adicionalmente, dentro de esa institución, ocupó el cargo de directora de la Comisión de la Mujer.

En marzo de este año, Marielle denunció que integrantes del 41° Batallón de Policía Militar estaban cometiendo abusos de autoridad con los habitantes de la favela de Acari. Durante su gestión, ella se opuso ferozmente a la brutalidad policial que tenía lugar en los barrios más marginados de Río de Janeiro y defendió los derechos humanos de los más pobres. Paralelamente, luchó por el empoderamiento de las mujeres afrobrasileñas y desarrolló proyectos para recopilar información sobre la violencia de género. De igual modo, respaldó las reivindicaciones políticas de los colectivos LGBTI. Marielle, quien también se asumió como lesbiana, defendió la diversidad de familias existentes en Brasil.   

A los pocos días de su denuncia, Marielle Franco fue asesinada a tiros. Esto aconteció después de asistir a un evento político con mujeres. En el acto murieron ella y su conductor, y su asesora fue herida por esquirlas. Quienes cometieron el asesinato se dieron a la fuga sin robar absolutamente nada. Por este motivo, se piensa que el crimen fue político. Como lo sostuvo Beatriz Miranda en su columna de El Espectador, “las averiguaciones apuntan a un crimen fríamente calculado, premeditado, con características de una ejecución”. Posteriormente, se descubrió que la munición que mató a Marielle fue vendida en el 2006 a la Policía Federal brasileña.

El liderazgo político de Marielle Franco fue verdaderamente especial porque conjugaba las luchas de varios sectores oprimidos de Brasil, como las mujeres, los grupos LGBTI, las comunidades afrobrasileñas y los pobres. Ella también fue una representante digna de la izquierda contemporánea en América Latina, y una esperanza en un país donde, según Eduarda Fontes, “el día a día brasileño está tan saturado de violencia criminal, y el poder se ha convertido en tal farsa, que la situación se está acercando inevitablemente al colapso total de la confianza depositada en el sistema”.

La pérdida de Marielle es inmensa no sólo para Brasil, sino también para toda América Latina. En este país miles de personas salieron a protestar a las calles, cuestionando la matanza de activistas de derechos humanos, la militarización y los retrocesos evidentes en la democracia. En otros lugares del continente, como México, se produjeron acciones colectivas de solidaridad con el pueblo brasileño en este difícil momento. Entre asociaciones académicas y profesionales centradas en las realidades de la región, se difundieron escritos, columnas de opinión y entradas de blog sobre la muerte de Marielle; también se discutieron las implicaciones de su asesinato para el activismo transnacional de mujeres. Así, rescato el comunicado de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (Lasa), en el cual se definió el asesinato de Marielle como una ejecución extrajudicial políticamente motivada. Por medio de esta comunicación, Lasa solicitó al gobierno federal de Brasil reconsiderar su estrategia de seguridad en Río de Janeiro.

El crimen político contra Marielle Franco se ubica en una serie de violencias estructurales y entrecruzadas que posibilitan la vulneración de los derechos de las mujeres activistas en América Latina. En el informe El riesgo de defender, publicado por Oxfam, se explica que las mujeres que trabajan con derechos humanos son víctimas de la violencia que busca, sistemáticamente, eliminar su labor en la configuración de sociedades más justas. Esta violencia es omitida y muchas veces permitida por los mismos Estados, quienes desatienden su rol como garantes de derechos. Desde mi punto de vista, la represión contra las mujeres activistas se exacerba a lo largo de líneas de género, raza, etnicidad, clase y orientación sexual. Es más cruel la criminalización del activismo cuando las propuestas elaboradas trastocan los fundamentos del neoliberalismo, el colonialismo y el patriarcado.

Hoy en día, podemos honrar la memoria de Marielle Franco a través de la militancia, sea en la academia, en las calles, en la escuela o en el contexto de las organizaciones sociales. Nuestro activismo, siempre orientado a la búsqueda de la igualdad, debe determinarse en escenarios de alianza transnacional con grupos humanos que sufren el despojo, la dominación y la violencia en América Latina. Sin duda, las alianzas también pueden darse con personas que simplemente anhelan un mundo mejor. Al mismo tiempo, necesitamos unir esfuerzos para desmontar las opresiones permitidas por el Estado, en complicidad con grupos delincuenciales y actores armados. Nuestra lucha es por el acceso pleno a la justicia y esto nos conduce a rechazar vehementemente la impunidad.

Vivian Martínez Díaz
@VivianMartDiaz

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Candidata a Doctora en Antropología de la Universidad de los Andes. Investigadora interesada en temas de género, política y pueblos indígenas en América Latina y Colombia.