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Empezar el año

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Enero ya ha pasado, febrero se va lentamente. El 2018 ya ha comenzado, nuevamente estamos viviendo un nuevo año.

De forma periódica los últimos días de diciembre, la mayor parte del planeta intenta meditar sobre lo sucedido en una especie de balance temporal en el cual se juzga a sí mismo, captando las diferencias entre quién es y quién quiere ser. Así, el estrés, los últimos momentos antes de cambiarnos de año suele ser el idear una lista de cosas que creemos que nos van a convertir en las personas que querríamos ser.

Las promesas se acaban difuminando tras el primer mes de enero, porque la rutina nos llama, porque ser lo que queríamos ser o más bien nos dicen que teníamos que ser, se nos vuelve agotador. Pero, ¿nos resultaría tan agotador si en vez de esforzarnos por ser quienes nos dicen que seamos, nos esforzáramos en ser quien realmente queremos ser?

Los hábitos nuevos (según estudios científicos) se mantienen, si eres capaz de llevarlos a cabo durante más de quince días. Porque pasado dicho tiempo ya se han convertido en rutina, por extensión nos hemos adaptado. Y tal como decía Terry Pratchett en sus libros, si hay algo que caracteriza a nuestra especie es la capacidad de adaptarse a cualquier cosa, para al final normalizarla como si no fuera un agente extraño.

Pero para poder normalizar obligaciones que nos cuestan, la perseverancia es clave. También es clave la predisposición a querer hacerlo, eso se pone complicado cuando no nos gusta.

Dejar de fumar, adelgazar, hacer más ejercicio, etc… Consejos en su mayoría buenos, pero cuya disciplina nos cuesta porque es más fácil la vida que llevamos, nos hemos acostumbrado y el sobreesfuerzo… Con todas las dificultades del día a día, se hace un monte gigante con una cuesta compleja de subir.

Nos dejamos, nos dejamos llevar porque nos place, porque nos acomodamos a una forma de hacer las cosas y nuestras obligaciones se nos olvidan. Una vez adentrados en el año, nos decimos a nosotros mismos… el próximo año ¡Lo hago¡ Error. No lo vas a hacer.

¿Qué más da el día del año, o del mes? Si realmente te ves con fuerzas de cambiar, hazlo. No postergues y sobre todo no te autoengañes. No te oprimas a ti mismo, con promesas que en el fondo sabes que no van contigo. Sé sincero, sé tú, olvida toda esa lista de cosas que a lo largo del año se deben hacer. Porque el mayor deber lo tienes en construir en ti, la persona que quieres ser de verdad. Cuando lo seas, justo entonces podrás también empezar a ser la persona que quieres ser con los demás.

Entonces, nos dejamos. Sobre mayo o junio, nuestros propósitos están dejados a un lado. Apenas ni los recordamos. La rueda vuelve a girar con la llegada de noviembre y la Navidad pisándonos los pies.

El estrés, el balance, las prisas, las listas, los propósitos, un nuevo año.

Ainhoa Escarti
@ainhoaescarti

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