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Cuando eres una mujer jugona (machismos aparentemente invisibles I)

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(Jugona, en este caso hace referencia al arte de los juegos de mesa)

Cuando eres mujer y freak (saco el pecho con mi bandera de orgullo freak), tampoco te salvas de machismos. En concreto, en el mundo de los juegos de mesa, es bastante más obvio. Para poner en precedentes:

Hay que tener en cuenta que en mis seis años de jugona, he conocido o coincidido con solo unas cuatro mujeres jugonas (pese a que este mundo a mí me lo enseñó una chica), estamos en un mundo mayoritariamente masculino.

Solía jugar con antiguos amigos o parejas, de tal forma que ellos estaban acostumbrados a jugar conmigo sin distinción de sexo. Pero esto se acaba en cuanto te introduces en el mundillo. Primero te miran como si fueras una especie de animal extinto. Al rato y si tienes pareja, le miran a él como el hombre más envidiado del mundo (eso mola, no me voy a engañar, el orgullo de ser la única), pero todo esto se tuerce cuando te sientas y te pones a ello.

Al principio me resultaba extraño que en los juegos de interacción (puteo), nadie fuera contra mí. Luego, empezó a escocerme, que me explicaran las cosas como si tuviera tres años. Como casi todos los hobbies, acabas teniendo un grupo de WhatsApp, donde os podéis hacer una idea de lo que he soportado en un grupo sólo (o casi de chicos)

Todo esto empezó a cambiar partida a partida. En vez de dejarme llevar, empecé a proponer los juegos que me gustaban. Entonces vino la sorpresa, ¡oh, a una mujer le gustaban los juegos difíciles! … Pues, sí. Las primeras partidas, recuerdo como nunca se acercaban a putearme, así que tras ganas varias veces en la soledad de mi rincón, supe que o les puteaba o no se iban a dar cuenta de  que ser mujer no está contraindicado con putear. De forma inmisericorde, empecé a darles una paliza tras otra. Hasta que de alguna forma como en una tribu patriarcal, logré ganarme el respeto de los machos, y su miedo a jugar conmigo. Pero no, mi esfuerzo no cambió nada ya que su actitud se perpetúo con las nuevas mujeres que llegaban.

Ainhoa Escarti
@ainhoaescarti

 

 

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