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El trabajador unidimensional

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Cocinar es algo que me ha gustado porque es creativo, y como todo lo que es imaginar… es para mí. Pero entre las personas de mi edad, en mi país, cocinar ya no es obligatorio porque se han percatado que lo pueden externalizar.

Exacto, externalizar la comida, la alimentación, llegando a simplemente no saber cocinar porque su tiempo vale más. Esto me recuerda a cuando estuve en Holanda y había máquinas expendedoras en la calle, pero no de cafés, dulces o snacks… de un plato de comida (obviamente comida rápida)

Estando en Holanda visité a un amigo y me hablaba sobre la relación que tenían los holandeses con la comida, que era más bien una necesidad que un disfrute gastronómico. Así, de esta manera, era un nimio porcentaje el de las personas que sabían cocinar. Otra amiga que estuvo trabajando en China, también me comentaba un comportamiento parecido, simplemente en su apartamento no había cocina. Obviamente, dos casos de dos amigos no te hacen llegar a una conclusión cultural, pero son datos relevantes de hacía donde vamos.

En España, mi generación, los jóvenes, ni saben, ni quieren aprender, ni les interesa cocinar. Es más, lo ven como una pérdida de tiempo, como algo que pueden comprar y aprovechar ese tiempo que tienen para o bien trabajar (que les resulta más rentable) o para su limitado tiempo de ocio.

Han nacido así alrededor de dichas actitudes empresas variadas, algunas ofrecen chefs que van a tu casa, otras te envían al trabajo la comida de la semana en formato “tupper”, otras empresas como Uber Eat o Just Eat, te envían la comida a domicilio, los supermercados ofrecen múltiples opciones de platos para simplemente calentar en el microondas.

De dicha manera, estamos viendo sin darnos cuenta como cocinar es algo que puede llegar a ser una freakada más, algo que hacen solo unos pocos apasionados de la gastronomía. Un ejercicio que era indispensable para sobrevivir, ahora se convierte en una actividad individual de lujo.

Respiro hondo y me pregunto ¿por qué?

En una sociedad actual tan preocupada por la alimentación sana, en cambio se consumen elaborados que no son tan sanos. Los jóvenes ya no saben elegir una fruta en su punto, un buen pescado o el estado óptimo de la carne, lo que les lleva a auténticos desconocedores de los mínimos culinarios. Externalizar, les lleva al desconocimiento, y dicho desconocimiento nos puede llevar a que aceptemos llevarnos a la boca cualquier cosa porque no sabemos elegir que está bien o mal hecho.

Todo esto me hace imaginar una sociedad donde las personas solo saben hacer aquello por lo que les pagan, siendo todo lo demás carne de ser externalizado y realizado por otro individuo que solo sabe hacer su trabajo. La especialización llevada a una libertad limitada, porque el conocimiento (incluso cocinar) nos hace libres de elegir. Ser libres de elegir, es el único ejercicio real de la libertad.

Ainhoa Escarti
@ainhoaescarti

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