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Una historia famélica

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Un alma famélica… una mezquina súplica para permanecer en dónde habita el conformista resignado a la limosna que la misma suerte ponga al alcance de su mano.

¡Qué triste es contemplar el borracho embrutecido…! Muriéndose del hambre que pudo haber saciado con pan cuando prefirió cambiar sus monedas por alcohol barato de barricas clandestinas para olvidar.

¡Qué triste es ver al pordiosero resignado a su infortunio! Malbaratando su cerebro y habilidades a una salida falsa, como si se hubiese resignado a lapidar su honor y la personalidad que le restara.

¡Qué triste escuchar al conformista! ¡Al hombre convertido en madero flotante! Un ser que se deja llevar por el oleaje y el viento de otros ímpetus.

¡Qué rabia palpar en mi país lo intrascendente de sus pretextos!  Justificando la pereza con la muleta de: “Mañana dios dirá” o… “dios proveerá”

Más de una santa vez intercambiamos palabras y cruzamos rostros. Sujetamos por las solapas y sacudimos hombros… Pero todo el mundo está embrutecido con “NervoCalm Grajeas” (en la forma descrita por Quino)

Cada meta trazada viene con un pretexto. Con una justificante preconcebida para menguar la vergüenza de no alcanzarla. Cada peldaño nace con su “pero”

Esta manera de vivir nos está relegando al abismo de una pobreza resignada con la silente reacción.

Las metas de nuestros abuelos no fueron alcanzadas, ni mucho menos. La clase media bajó de nivel. La clase baja simplemente ya no come o se pasa a engrosar las filas de la delincuencia, puesto que la motivación del Estado se basa en canonjías en vez de incentivar a la creatividad que nuestro pueblo ha portado desde siempre.

Fue muy sencillo, para cualquier autoridad, engatusar a la ciudadanía con dádivas y prebendas mal remuneradas.

Se permitió que el sindicalismo enarbolara la bandera de la estupidez irguiéndose como próceres cuando en verdad ni sabían a dónde navegar. De tal manera que remaron con todas sus fuerzas… con toda la energía posible… al cabo que el mexicano si algo tiene es fuerza física. Pero… Pero solo remaron de un lado de la canoa, terminando en viajes concéntricos y mareadores.

Efectivamente. Nuestros líderes con la perorata, con su desgastada diatriba, solo nos marearon en una demagogia empalagosa e inconsecuente: El hambriento siguió famélico… el sediento no pudo saciar su sed y el desamparado continúa remando contra la corriente todos los días.

Es bien cierto que el gobierno no tiene que mantener al ciudadano. Pero tampoco lo debe socavar en sus intenciones de salir adelante.

Cuando un hombre tiene una idea productiva… lo exprimen en primera instancia con extorciones y después con una monumental carga impositiva.

Nuestro país ha condonado impuestos a empresas extranjeras por importes monumentales. ¡Eso sí! Le retuerce el alma al pequeño y mediano comerciante, teniendo como resultado que los revienta en el primer año fiscal.

Permitieron que empresas extranjeras importaran a un bajísimo costo mercancías artesanales, dándole en toda la torre a los productores nacionales.

La mayoría de nuestra gente no está rogando por limosna… sino por un trabajo que le permita subsistir.

Hemos visto a ingenieros trabajando de porteros en las industrias. Estamos encontrando cada vez mayor criminalidad entre las personas desocupadas. Entre ciudadanos que tuvieron un trabajo y salario. En padres de familia desesperados por llevar un sustento a sus seres queridos.

El hambre crea caudillos.

Si continuamos por esta vereda, llegarán los tiempos que todo se negocie a plomazos. Ya lo estamos viendo y cada vez con mayor frecuencia.

Jorge de Córdoba
San Juan del Rio, Qro.
Querétaro de los huesos
México

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