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Mujeres indígenas y construcción de paz en Colombia

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El proceso de paz entre las Farc y el gobierno de Juan Manuel Santos ha sido celebrado por diferentes comunidades, organizaciones sociales y activistas debido a sus logros en materia de inclusión. Entre dichos logros vale la pena mencionar la incorporación de un enfoque de género y de un capítulo étnico, cuyo objetivo es proteger los derechos de las mujeres, las personas con identidades de género diversas, los pueblos indígenas, las comunidades afrodescendientes y los grupos étnicos en la implementación del acuerdo. Ciertamente, el enfoque de género y el capítulo étnico son el resultado de décadas de lucha y resistencia de movimientos sociales que han enfrentado la desigualdad, la discriminación y la violencia por décadas.

A través de varias iniciativas, los movimientos sociales, las organizaciones de base, las ONG y algunos centros de estudio han producido saberes y conocimientos sobre la participación de las mujeres en los procesos de paz llevados a cabo en Colombia. Por ejemplo, Nina Chaparro y Margarita Martínez –investigadoras del centro de estudios jurídicos y sociales Dejusticia– resaltaron que de los 61 acuerdos firmados entre representantes del gobierno y los grupos armados durante el periodo 1982-2016, aproximadamente un 4,07% de las personas signatarias fueron mujeres. La estadística presentada tiene como relato paralelo el siguiente problema: el Estado colombiano ha obstaculizado históricamente la interlocución de sectores de la sociedad civil que defienden los intereses de las mujeres, y por esta razón, sus necesidades han sido subrepresentadas en las negociaciones con actores armados. Esta información aparece en el trabajo Negociando desde los márgenes, que explica los avances relativos en el proceso de paz con las Farc en lo que atañe a la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

Las mujeres no somos un grupo homogéneo, estático y fijo. Somos un grupo plural, marcado por diferencias de estatus, creencias, valores, prácticas, identidades y formas de comprender el mundo. En la diferencia que nos une como grupo, hemos producido opiniones y alternativas de construcción de paz que recogen nuestra experiencia de vida, y que nos impulsan a crear diálogos con otras personas y colectivos. La experiencia de las mujeres indígenas en el conflicto armado, su participación en el proceso de paz, y sus posicionamientos sobre la implementación del acuerdo final pueden ser entendidos a través del prisma de la diferencia que nos define y nos forma como actores políticos.

Las mujeres indígenas colombianas han expresado posturas propias sobre el conflicto armado, las negociaciones entre el gobierno nacional y las Farc, y la construcción de la paz a futuro. Estas posturas emergen de su experiencia cotidiana como integrantes de una comunidad, y de sus aprendizajes colectivos como parte de movimientos étnicos y de mujeres. Al interior de sus comunidades y de las organizaciones sociales, las mujeres indígenas han presentado propuestas de cambio político que toman como base sus experiencias en torno a la discriminación y el conflicto armado.

En escenarios de organización colectiva, las mujeres indígenas han explicado que las discriminaciones vividas por ellas suelen ser más complejas y profundas, ya que involucran simultáneamente dimensiones de clase, etnia y género. En el marco del conflicto armado, ellas han sufrido la violencia sexual, las masacres, las torturas y el desplazamiento forzado, lo cual ha tenido impactos tanto en su vida personal como en la organización social de las comunidades a las cuales pertenecen. Además, este panorama es empeorado por las exclusiones que experimentan las mujeres indígenas dentro de sus mismas comunidades –motivadas por ideologías machistas que hunden sus raíces en la colonización de las Américas–, y por la incompetencia del Estado colombiano para restituir sus derechos como mujeres, indígenas y víctimas.

Desde que inició el proceso de paz entre el gobierno nacional y las Farc en el 2012, las mujeres indígenas se han identificado como “constructoras de paz”. Esto ha acontecido en algunos escenarios de movilización étnica, donde los pueblos indígenas han interrogado a las partes negociadoras por el futuro de sus derechos a la autonomía y la consulta previa en la implementación del acuerdo. En el año 2016, las mujeres pertenecientes al Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) publicaron un comunicado donde se asumen como constructoras de paz. Ellas explicaron que son el eje de la familia y de la comunidad, y que tienen un papel importante en la transmisión de la cultura. Esto último convierte a las mujeres indígenas en garantes de la pervivencia, y en protectoras de la vida y la armonía en los territorios. Adicionalmente, las mujeres pertenecientes al CRIC mencionaron que ellas trabajan por la reconciliación y la reconstrucción del tejido social. En ese entonces celebraron la existencia del acuerdo de paz, puesto que este les ofreció la oportunidad de sanar y armonizar sus vidas a nivel individual, familiar y colectivo.

Las mujeres indígenas han desarrollado actividades de denuncia que acompañan su apoyo decidido a la construcción de paz en Colombia. Desde las distintas instancias en las cuales se sitúan –instituciones públicas, organizaciones étnicas y de mujeres, resguardos y cabildos–, ellas han expresado que el gobierno nacional ha incumplido acuerdos previos con los pueblos indígenas relacionados con la desmilitarización de los territorios y el desmonte de políticas extractivistas que conducen a nuevos conflictos. Paralelamente, denuncian que en todo el proceso de paz, incluso ahora en la implementación del acuerdo final, las mujeres pertenecientes a grupos étnicos han sido excluidas de la toma de decisiones.

Si bien, a algunas mujeres indígenas les han sido asignados cargos y obligaciones dentro de la JEP y la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, lo cierto es que el punto de vista de la sociedad blanca, mestiza, urbana, de clase media e instruida, sigue prevaleciendo en la implementación. Esto se manifiesta en la desarticulación que existe entre el enfoque de género, el capítulo étnico, la JEP, la jurisdicción especial indígena y el derecho propio de las comunidades. De igual forma, existe una preocupación pública por el asesinato de mujeres indígenas que han ocupado posiciones de liderazgo y autoridad en regiones rurales del país, fenómeno que hace parte del exterminio sistemático de líderes sociales en Colombia. Es preciso honrar en el presente la memoria de Efigenia Vásquez Astudillo, comunicadora indígena del colectivo Renacer Kokonuko que aportó grandemente a su comunidad, y cuyo asesinato fue atribuido a las autoridades locales y al Estado colombiano según comunicación del CRIC.

Los posicionamientos de las mujeres indígenas sobre el conflicto armado y sus aportes a la construcción de paz hacen parte de las iniciativas que como mujeres hemos emprendido para transformar nuestros entornos. La diversidad que nos constituye como grupo plural y heterogéneo  –en parte, por nuestras diferencias étnicas, culturales y de clase– es un reto inmenso de cara a la implementación de los acuerdos de paz. Para que la paz se mantenga en el tiempo, urge trabajar en el reconocimiento de la diversidad en lo político, lo institucional y lo jurídico; también es necesario que este siga siendo un principio rector de todo proceso de toma de decisiones. En época de elecciones, los discursos dominantes sobre cómo hacer la paz y las intenciones de prolongar los conflictos violentos por varios medios serán una constante. Por esta razón, necesitamos configurar diálogos de mujeres que nos permitan encontrarnos en la diferencia, y a partir de eso, crear alternativas de construcción de paz que contengan la igualdad, la justicia social y el respeto por la diversidad como estándares mínimos.

Vivian Martínez Díaz
@VivianMartDiaz

 

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