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Durante las últimas dos semanas se ha discutido extensamente en las redes sociales y los medios de comunicación sobre las denuncias de reclutamiento forzado y violencia sexual de algunas mujeres excombatientes de las Farc, quienes han aceptado los diferentes espacios que los medios de comunicación les han ofrecido para contar sus experiencias y alzar su voz contra los dirigentes de esa organización por los abusos sufridos cuando fueron parte de las filas guerrilleras.

Estas mujeres pertenecen a la Corporación Rosa Blanca. Según Sara Morales, integrante de la misma, Rosa Blanca nació con el propósito de reunir a las mujeres excombatientes que sufrieron abusos sexuales y otro tipo de violaciones a sus derechos humanos dentro de las Farc. El otro objetivo de esta corporación es hacer las respectivas denuncias para resarcir sus derechos como víctimas y mujeres. Morales considera que a pesar de que existe un acuerdo de paz, los dirigentes de las Farc gozan de total impunidad. En una entrevista concedida a W Radio, ella afirmó que dado el clima de impunidad que impera en el país con respecto al juzgamiento de delitos sexuales que tuvieron lugar en el conflicto armado, las integrantes de Rosa Blanca esperan llevar sus casos a organismos internacionales.

Las denuncias de la Corporación Rosa Blanca han generado reacciones entre académicos, militantes de las Farc, integrantes de movimientos sociales, políticos y periodistas. Por ejemplo, el profesor Jairo Estrada, quien actualmente hace parte de Voces de Paz, ha afirmado en su cuenta de Twitter que existe una estrategia en curso contra las Farc basada en una “presunta criminalidad sexual”. Por otra parte, el colectivo Mujeres de las Farc emitió un comunicado en el que “rechazan la campaña mediática que vienen desarrollando algunos medios de comunicación y que usa el tema de la violencia sexual como un arma contra nuestros compañeros”. En este comunicado, las Mujeres de las Farc explican que no se consideran víctimas de la organización, que existían reglas para castigar la violencia machista, que los rigores de la guerra las forzaron a renunciar a la maternidad, y que además son feministas. Frente a este comunicado, Sara Morales sostuvo que Rosa Blanca no tiene la intención de hacer parte de ninguna guerra mediática. En cambio, la corporación sí desea denunciar los abusos sufridos por sus integrantes y demandar justicia.

Lo anterior deja algunas preguntas sueltas: ¿hasta qué punto esgrimir el argumento de que existe una guerra mediática contra las Farc anula las voces de esas mujeres que también son víctimas del conflicto armado?, ¿Por qué no crear un diálogo entre las mujeres ex combatientes que denunciaron abusos y las mujeres que conscientemente decidieron un día empuñar las armas, y que hoy militan dentro del partido de las Farc?  

Otro tipo de reacciones vienen de periodistas pertenecientes a empresas mediáticas con líneas editoriales que cuestionan el proceso de paz, que difunden prejuicios contra la izquierda política y deslegitiman las luchas de los sectores populares de Colombia. Asimismo, existen periodistas que a nombre propio pero con la misma agenda, se apropian de las voces de estas mujeres víctimas para derrotar a ese enemigo público que es las Farc; y lo hacen mostrando testimonios de estas mujeres, sin importarles que con esto puedan incentivar su revictimización. Este es el caso de Salud Hernández-Mora, quien ha escrito recientemente sobre la Corporación Rosa Blanca y sobre las mujeres ex combatientes víctimas de las Farc.

En sus posicionamientos sobre el tema en las redes sociales, Hernández-Mora reclama que las feministas no nos hayamos pronunciado, nos pregunta dónde estamos y nos acusa de no apoyar las denuncias de la Corporación Rosa Blanca, según ella, porque estamos de parte del gobierno nacional y de las FARC, y porque nos encontramos más interesadas en los casos de acoso sexual denunciados por actrices de Hollywood. Esto refleja sus propios prejuicios sobre el feminismo y su desconocimiento de las luchas de las mujeres contra la guerra y la violencia, tanto en Colombia como en el mundo. Al mismo tiempo, Hernández-Mora ignora los aportes del feminismo a la comprensión de las experiencias de las mujeres que viven la violencia política como víctimas, combatientes y constructoras de paz. Frente a su pregunta por en dónde estamos las feministas, respondo: “aquí estoy, aquí estamos”.

De sus pronunciamientos en Twitter acerca del feminismo y la Corporación Rosa Blanca saltan a la vista movimientos que considero peligrosos, puesto que desdibujan y caricaturizan el rol de las feministas en la visibilización de los impactos de la violencia política en la vida de las mujeres, así como sus contribuciones a la construcción de paz.

En primer lugar, Hernández-Mora asume que el feminismo se ocupa de ciertos tipos de denuncias de acoso y establece una escala de prioridades que está alejada de la realidad: nos importa más la violencia sexual que ocurre en Hollywood que la que ocurre en nuestro propio país. En segundo lugar, la periodista entiende el feminismo como un movimiento o una postura –esto no lo tengo claro- que está alineada a la izquierda, a las Farc y al gobierno nacional. Así, promueve la polarización y un rechazo hacia el feminismo entre las personas que la leen y la siguen. En otras palabras, desinforma sobre el propósito y las apuestas del mismo en nuestra sociedad. Esto es preocupante porque ella tiene un espacio importante dentro de la opinión pública nacional e internacional y su voz es replicada con frecuencia.

Como lo he mencionado anteriormente, las feministas han tenido un papel importante en la comprensión de las distintas maneras en que la violencia política y los conflictos armados han afectado a las mujeres. Diferentes intelectuales feministas se han comprometido con la escucha activa de testimonios de mujeres víctimas de violencia sexual, y han analizado las razones por las cuales ciertos grupos de mujeres toman la decisión de empuñar las armas y convertirse en combatientes. En esto, también se ha descubierto que las combatientes han sido víctimas de machismo, maltrato, e incluso, violaciones. Lo importante es que tanto en las mujeres víctimas como en las mujeres combatientes, estas intelectuales han visto sujetos políticos que aportan a la construcción de una paz sustentada en los valores democráticos. De esto dan cuenta académicas feministas comprometidas como Teresa Cunha (Portugal), Maria Paula Meneses (Mozambique), Margaret McGuiness (Estados Unidos), Cecilia Menjívar (Estados Unidos), Helen Safa (Estados Unidos) y Hilary Charlesworth (Australia), sólo por mencionar algunas.

En Colombia, las feministas, sea como académicas o como integrantes de organizaciones, no sólo han apoyado las denuncias de mujeres víctimas de violencia sexual en el conflicto armado, sino que también han producido conocimiento para lograr la restitución de sus derechos a la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición. Un ejemplo de esto, es la Corporación Sisma Mujer, que ha hecho numerosas publicaciones e informes sobre esto.

Además, existen mujeres investigadoras que desde las instituciones públicas han producido conocimientos sobre la violencia sexual. Vale la pena mencionar el informe reciente del Centro Nacional de Memoria Histórica titulado “La guerra inscrita en el cuerpo”, que visibiliza el hecho de que ningún actor armado reconoce el uso de la violencia sexual. Esto ha sido desmentido por mujeres que han visto sus cuerpos subyugados y deshumanizados, y que ofrecieron sus relatos de vida para la construcción de este informe.

Por último, quiero reiterar que el feminismo ha aportado al entendimiento de la violencia política y la construcción de paz en Colombia. También ha hecho activismo para restituir los derechos de las mujeres víctimas; por eso, las feministas sí estamos presentes. El feminismo defiende ferozmente la vida, pero no conoce de memorias selectivas. Las Farc no fueron las únicas en usar la violencia sexual como estrategia en el marco del conflicto armado, también acudieron a ésta otras guerrillas, grupos paramilitares y las mismas fuerzas del Estado. A las feministas nos interesa denunciar la violencia machista que viven las mujeres en el conflicto, pero también consideramos importante crear iniciativas para promover una paz basada en el reconocimiento de los derechos de las víctimas. Así pues, deseo expresar mi solidaridad a las integrantes de la Corporación Rosa Blanca y mostrarles mi disposición para tejer puentes de diálogo en la lucha contra la impunidad, y la construcción de una paz que nos reconozca como sujetos con derechos y como ciudadanas plenas.

Vivian Martínez Díaz
@VivianMartDiaz

 

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