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Navidad

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Está más que claro que ya ha llegado y que casi nos pisa los pies, con sus patas largas. Las fiestas, la navidad, el año nuevo, se nos agolpan en el calendario, a veces amenazantes, otras amables.

En la publicidad, en las marcas, en las tiendas, hace ya mucho que la navidad asoma el hocico, intentando así que forzosamente nos metamos en una especie de espíritu obligado. Pero, tranquilo, son quince días que se pasan pronto pese a que parezcan largos como lustros.

No te pueden obligar a ser feliz, no te pueden ordenar ser bueno (sobre todo si no lo eres) porque ciertas fechas asomen. La mayor parte de las personas, sean creyentes o no, caen dominadas por la alienación propia de estas fechas. Pero, no es necesario. Por experiencia sabemos, que todo a lo que se nos obliga se le acaba cogiendo “mal afecto”, y sobre todo en cosas tan personales como la familia y la felicidad.

La familia es importante, pero ojo, no la elegimos nosotros y no sabemos, hasta que va avanzando la vida, si vamos a cuajar o no. Muchos pensarán que la sangre une, etc… No nos engañemos, lo que nos une a los demás no es la sangre, son las experiencias, los nexos emocionales en común. Por esa y otras razones, la familia de sangre no siempre es nuestra familia real. Seamos realistas y no nos asfixiemos en realidades que vemos en las pantallas. Rara vez, las realidades de las pantallas, son reales. Y nos vemos, nos sentimos poco a poco deprimidos. Puede que sea porque nos faltan personas que sí eran familia, puede que sea porque nuestra sangre no es nuestra familia.

La navidad, si te gusta o no te gusta, no es por ella misma, ni tampoco porque te obliguen. La cuestión de fondo, es que toda esa alegría fingida a la que te obligan si no es real, es a nuestro ánimo como una especie de ácido abrasivo que nos va carcomiendo. El problema no son las fechas, el problema es lo que hacemos con ellas. Lo que nos amarga no es la familia, es la relación que no logramos tener con ellos. Nuestras faltas y carencias personales, emocionales, nos azotan la cara y eso sí es lo que nos deprime en navidad. Sentimos que “algo” nos mira fijamente si no somos felices, nos clava la mirada y entonces, sin darnos cuenta, toda la desdicha que no hemos solucionado a lo largo del año, nos apresa.

No nos confundamos, no es la navidad, somos nosotros juzgándonos por Navidad.

Ainhoa Escarti
@ainhoaescarti

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