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High & Dry

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Llevo meses sin poder escribir. No es importante para muchos, quizás sólo para mí. Llego a los tres primeros renglones y descompongo todo. Sobre todo, a mí. Entonces me pregunto qué quiero contar, qué quiero narrar, qué quiero habitar.

Descubro que vivo en el pasado, en una bocanada de nostalgias que hacen que las comisuras de mis labios dibujen una sonrisa insulsa, pero finalmente sonrisa. Me detengo en esos amaneceres llenos de color, de secretos. En esos amaneceres que después de la fatiga de no encontrar respuestas, descansaron en la levedad de un sueño profundo. O en aquellos en que alguna vocecita queriendo llevar café a mi cama y calor a mi piel, emanaba una suerte de susurro que diciendo “Don’t leave me high, Don’t leave me dry”

Y pienso en ellos, en mí, en nosotros, y en nuestros cuerpos simulando ser hojitas como huyendo de otoño, y en el deseo consumado, siendo ese caminito marchito en el que sucumbió un árbol frondoso.

Vuelvo a lugares del amor, que están aquí o que están allá, abriendo los ojos, escuchando una canción, entrando a un libro que enmaraña las entrañas con su melancolía. Retomo guiños, silencios, despedidas, renuncias, palabras de aliento, miradas profundas y algunos abrazos que ahora sólo parecen abismos.

Regreso al mar y a confirmar que las bioluminiscencias no son un asunto metafórico, o que quizás sí, porque al rememorarlo se desborda un halo de luz en mi pecho.

Regreso al recuerdo, lo tomo de la mano, y beso sus labios para que sepa que mi apetito es el mismo, o incluso, más voraz.

Publicado originalmente en el blog La Utopía de Mariana

Camila Melo
@UnaTalMeloParra

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