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Hay palabras

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Hay palabras que nos hieren, que son balas que recorren medio mundo y cortan la piel y se meten muy adentro, hay palabras que cortan la carne y quiebran los huesos, hay palabras que son condena y son tristeza y son muerte. Hay palabras que nos sacuden, que nos deshilachan o nos estremecen y hay palabras que de tanto buscarlas se vuelven un camino y empezamos a irnos por ahí con la promesa de encontrarlas: hay palabras que son una promesa, un destino, un puerto. Hay palabras que levantan el polvo o que se meten entre la tierra y buscan las raíces para quedarse arraigadas en lo más profundo. Hay palabras que son golpes. Hay palabras que son estacas en el pecho o astillas en los dedos, astillas que se meten entre las uñas y cortan o astillas que se meten entre la piel y se pierden y se vuelven heridas invisibles, vestigios de dolores que nadie más recuerda. Hay palabras que son cicatrices que nadie más ve.

Hay palabras que son caricias o que son fuego o que son cuchillos. Hay palabras que son un naufragio o un abismo y hay palabras que son un hogar, un lugar al que volver.

Y hay palabras que son silencio y palabras que de tanto ser usadas se vuelven manojos inservibles: palabras que alientan violencias, que ensucian los cristales, que afilan los sables, que desencadenan marchas de ataúdes y ahogan llantos con más palabras: patria, restauración, moralidad, tradición, seguridad, salvación.

Somos las palabras con las que nos construímos y buscar palabras es buscarnos a nosotros mismos entre los abismos, entre los cuchillos, en los puertos, en las raíces y buscar palabras es también hacerlas propias y arrebatarlas a los dueños de las palabras, a los dueños de todo: a los señores de los significados, a los dones de los discursos oficiales, a los inventores de la historia, a los señaladores de lo que debe hacerse y decirse y pensarse. Buscar palabras es librar la revolución de lo perdido, es recorrer de nuevo el camino de la derrota y abrirse paso entre las trochas, entre la maleza, para fundar nuevos caminos y llegar a nuevos puertos e inventarse nuevos significados. Buscar palabras es, quizás por encima de todo, volver a fundar el mundo y crear mundos nuevos entre el desarraigo y entre todas las derrotas heredadas. Las palabras son nuestro territorio libre. Hay palabras que son eso, territorio y refugio. Hay palabras que nos cambian, palabras que sirven para derribar lo impuesto y para romper los moldes. Y somos esas palabras: las que nos mueven, las que nos sacuden, las que después de escucharlas, después de pronunciarlas, después de escribirlas, después de leerlas, no nos dejan en el mismo lugar, no nos dejan ser los mismos. Somos las palabras que nos forjaron, palabras que son fuego y cristal y cincel y pintura. Somos las palabras que definen nuestros trazos. Somos lo que edificamos con las palabras que tenemos.

Hay palabras que son todo. Hay palabras que son el único acto de rebeldía que nos queda. Somos las palabras que nos salvan pero las palabras son, sobre todo, la mano que las escribe y la voz que las pronuncia.  

Andrés Castañeda M.
@acastanedamunoz

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