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La hoja en blanco

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Algunas veces, los que nos dedicamos a crear cosas de la nada, sufrimos lo que peor se puede sufrir: la hoja en blanco.

Ese momento en el que sientes tu cabeza hueca de contenido, cuando nada te motiva, te inspira, ni te lleva a ningún lugar. Enfrentarse a la hoja en blanco es sin lugar a dudas, una de las peores pesadillas de cualquier creativo.

Te sientes frustrado, tienes prisa, te enfadas contigo mismo, pero nada de eso vale. Cuanto más lo fuerzas, menos atisbo hay de algún chispazo que te reinicie en tus periodos de creación. Y allí estás tú, delante de una pantalla y un teclado (al menos en mi caso), tratando de teclear algo con sentido. Pero no, escribes y borras, sea del tamaño que sea, porque tu inseguridad te hace creer que lo que escribes es digno de una cabra que aprendió mecanografía.

Aunque, estos periodos de hojas en blanco, se hayan dado más de una vez en tu vida, y pese a que sabes que no sirve de absolutamente nada, intentas forzar y forzar una y otra vez. Creer que esforzándote y exprimiendo tu cabeza, logrará salir algo, al menos digno o que se sirva de “parche” ante tus compromisos laborales.

No sé por qué nos engañamos, no nos faltan musas. Cuando nos enfrentamos a la página en blanco, la responsabilidad no es de tu creatividad muerta, o de esas palabras que no salen.  Cuando esa hoja no hay forma de rellenarla, lo que falla es algo en ti.

Un nudo, que tienes que desliar. Porque las palabras siguen ahí, los mundos que creas siguen ahí, pero hay algo “atascado” en ti.

Así que, querido creativo, la próxima vez que te enfrentes a una hoja en blanco, no mires las hojas, no intentes forzar lo que no sale. Dale una autentica solución, explorando en ti mismo qué es aquello que te bloquea. Porque las palabras siempre quieren nacer, llegar a la vida y lograr ser leídas por alguien.

Las hojas en blanco, somos nosotros perdidos en cualquier otro lugar.

Ainhoa Escarti
@ainhoaescarti

 

 

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