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Ser creador

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Ser escritor, es un ejercicio de creatividad absoluta. Sentarte ante un papel y un bolígrafo, ante una pantalla y un teclado, o ante una máquina de escribir, e intentar plasmar mundos que hasta hace un momento no existían.

Es curioso, cuando las personas te juzgan por tener un trabajo creativo, pensando que no haces nada. Que te limitas a mirar el cielo y a vagabundear, o a ser un mero perezoso que de vez en cuando se sienta y hace algo.

Pero el proceso creativo es algo más, el creador, el escritor o “artista” en otra rama, debe crear de la nada, una idea y sobre ella, el todo.

Sin duda hay mucho trabajo detrás de esa idea, el realismo que te hace investigar para no acabar diciendo sandeces, el corregir una y otra vez el texto hasta que ya no ves ni tildes, ni acentos, ni puntos, ni comas… te sabes tan de memoria el texto, que lo acentúas sin darte cuenta, aunque en el papel no exista la supuesta acentuación.

Ser creativo, es enfrentarse a la página en blanco, a las críticas, a la necesidad de silencio para crear, a que “la inspiración te pille trabajando”. Un creativo, señores y señoras, nunca descansa. Es como un animal de presa que siempre está alerta, porque cualquier estimulo que ni te esperas, puede ser el botón que inicie el proceso.

Y luego está lo mundano, las redes, los escritores independientes somos maquinas, editamos, maquetamos, llevamos la publicidad, las cuentas, etc… haciendo al final muchas más horas que el común de oficinistas con horario (más o menos) fijo.

El creador, no descansa los fines de semana, ni de vacaciones, porque su cerebro no descansa. Es un trabajo mentalmente agotador, pero al que eres adicto porque no puedes dejar de crear. Y cuando dejas de crear, por esa temida hoja en blanco, es peor. La pesadilla de las palabras que no salen, que no brotan, las fechas de entrega y tú en sequía, y no se puede forzar, porque cuando fuerzas te  das cuenta que tus mundos no tienen alma.

Ser escritor es un trabajo duro, en el que aprendes leyendo, en el que siempre estás aprendiendo, experimentando, necesitando tu tiempo, donde los horarios jamás son fijos y tu cabeza apenas desconecta.

No os engañéis, los no creativos, ser creativo, es sin duda un tipo esclavitud a ti mismo.

La presión del nuevo libro, del nuevo artículo, la tensión del “funcionará” mi nuevo libro, mi nuevo artículo, la frustración al principio y luego las ganas de aprender de todas las críticas, unas más hirientes que otras. Y si consigues tu sueño, te enfrentas a ser público, a sacar tiempo de donde no tienes para responder a todos aquellos que te escriben desde cariño (y a los que no). Mientras intentas que todo lo demás cuadre, trabajo, vida mundana, vida personal y todos esos añadidos que tenemos los escritores independientes, que acabamos siendo navajas suizas del sector con demasiadas ideas para nuestro tiempo. Como decía, esclavos de nosotros mismos, tanto en los momentos de plena actividad, como en la temida página en blanco.

Quizás, el tema fundamental es que los creadores no sienten que trabajan, porque su trabajo es su pasión, entonces no tienen lunes que odiar, ni despertadores a los que tener ganas de matar. Porque nuestro trabajo es nuestra vida y no nos pesa.

P.D.: En este mundo donde todo está tan globalizado, cualquier creador con un mínimo de nombre ha tenido que sudar sangre para resaltar y mantenerse. Pero sin duda, esas son cosas que no se ven.

Ainhoa Escarti
@ainhoaescarti

 

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