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Tenemos un dios cojitranco

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Amiga noviembre, no te veía desde hace muchas jornadas. Debo decir que acaso también te extrañaba.

Si, te extrañaba después de tantos muertos… después de tantas jornadas.

Amiga noviembre, no sé cómo explicarte las ausencias de nuestras hermanas. Las aulas vacías y las calles pobladas.

Nuestros hermanos… nuestros amigos… hurgan en la basura buscando algún mendrugo despreciado por los comensales de mesas fatuas.

Los niños ausentes; las jovencitas desaparecidas… tantas personas que jamás regresarán a sus familias. Simplemente ya les enterraron en tumbas anónimas. Así… que ni siquiera podremos obsequiarles con una flor que de cobijo a sus huesos.

Amiga noviembre, las misas y rosarios… de poco nos sirvieron y, a decir verdad, en nada nos aliviaron. Tú sabes que por mucho caso que se hiciera a los prelados… “El hambre no se quita rezando” ni mis muertos imitan a Lázaro.

Abundan los “justicieros”… y ¿quién puede juzgarlos?

Sin embargo, están combatiendo fuego con gasolina. De tal manera que el incendio está creciendo… ¡Por todos lados!

Debo confesarte que ya atenacé un cuello entre mis manos. (Otra vez) Y no preciso aclarar la inconveniente sensación en las entrañas… un sentir que imita al remordimiento.

¡Amiga noviembre!… ¿Qué estamos haciendo?

Parte de mi familia desertó de Venezuela, después de vivir ahí por dos decenios. Volvieron a mi México para encontrarse con… con otros muertos.

Todo parece tan irreal… tan descompuesto… que pateamos al caído, nos burlamos del tropiezo.

La incongruencia en los jerarcas es igual a la bazofia del político. Ambas sirven para enloquecer a las masas y transmitirles la causa del populismo.

Esta semana, mataron a mi paisano en Estados Unidos. Y la próxima matarán a otros tantos.

Estoy seguro, amiga noviembre, que el diablo está de parabienes y tu dios… tu dios camina cojitranco.

 

Jorge de Córdoba
San Juan del Rio, Qro.
Querétaro de los conventos
México

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