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Las ideas comunistas en Latinoamérica, cien años después de la revolución bolchevique

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“Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las potencias de la vieja Europa se han unido en una Santa Alianza para acorralar a ese fantasma…”

Cien años después de la revolución más importante del siglo XX, y 160 desde que Marx publicara junto con Engels el Manifiesto Comunista, la anterior cita sigue más vigente que nunca. Cabe preguntarnos, ¿Por qué una ideología, desgastada, y que aparentemente sólo trae consigo fracaso en todos los ámbitos, sigue siendo el enemigo por derrotar en las urnas, pero sobre todo a erradicar violentamente de las mentes?

El 25 de Octubre ( según calendario Juliano) de 1917, un grupo de obreros, campesinos y soldados, toman a la madrugada el palacio de invierno, en la fría, extensa y sumamente difícil de dominar Rusia, y empieza así, uno de los gobiernos más polémicos del siglo XX, y que 26 años después de su total derrocamiento, aun es puesto en la mesa de debate, en varias discusiones políticas, ampliando su influencia a los países latinoamericanos, donde el fantasma del comunismo llego más aterrador que nunca.

A Sudamérica, las ideas comunistas llegaron retrasadas, como la mayoría de ideologías, europeas, aquí, la adaptamos a nuestra realidad e hicimos varios híbridos que sirvieron de piso ideológico para las revoluciones americanas y la creación de distintos grupos guerrilleros. Hoy 26 años después de la caída de la Rusia Bolchevique, la lucha ya no se da en el monte, ya no se reclutan a jóvenes románticos que buscan liberar al pueblo del opresor; ahorita la lucha evolucionó, mas no se extinguió, y en las tediosas campañas políticas, vuelven a surgir dos frentes, por un lado, la derecha recalcitrante y metamórfica y por otro, la izquierda, dogmática y anacrónica.

En Colombia entonces la polarización política se hace visible: Por un lado, la derecha, que siempre ha dominado y no planea dejar de hacerlo, así tenga que usar cualquier tipo de alianza; y la izquierda, a veces infantilizada y con una capacidad de voto, realmente reducida, que auguran que no tendrán repercusión mayor en las próximas elecciones.

Hablar de dos fuerzas opositoras, no es un fenómeno político nuevo, al contrario, cada vez se hacen más anticuadas las formas de propaganda, que incluyen la creación de un enemigo interno feroz, y aterrador, idea que es reafirmada en experiencias, a veces distorsionadas de gobiernos vecinos o anteriores, y controlada diariamente con la difusión mediática. Eso es la ultraderecha, por un lado.

Y la izquierda, por otro, incapaz de destruir con verdades esos mitos terroríficos en contra del comunismo, y cegada por el ego académico de sus integrantes, que de una u otra forma reducen su impacto en la comunidad votante, quien los ve ajenos a sus intereses, con discursos densos y que no son comprensibles para todos.

En este juego que culmina el siguiente año con las elecciones presidenciales, la balanza se inclina a favor de los partidos de derecha, lo que ha sido la constante; pero lo que nos debería preocupar es la incapacidad de nuestros partidos de izquierda de recoger votos en los sectores populares, donde por antonomasia, debería liderar. Como simpatizante de los partidos de izquierda colombianos, estamos entonces por empezar a plantearnos interrogantes que debimos haber tenido resueltos hace mucho tiempo, pues al hacerlo hasta ahora, la solución no será tan fácil de encontrar, más teniendo en cuenta el carácter absurdamente dinámico de nuestros candidatos, dichos interrogantes tienen que ver con la forma que hacemos que nuestro discurso sea escuchado y entendido por todos los que representamos, porque de nada sirve que se elaboren propuestas públicas y sociales en voz de la mayoría del pueblo si no son socializadas eficazmente y se pierden en los salones de las universidades, donde sabemos, no se encuentra la mayoría del electorado; debemos re pensar una forma de hacerle contrapeso al fantasma comunista que se aparece cada 4 años, renovado y con nuevas formas de aparente padecimiento, debemos usar ese fantasma como bandera de lucha, para que el miedo a la hora de votar no sea una constante en la población.

Pero sobre todas las cosas la izquierda debe modernizarse y con eso su discurso, aprender el juego de la política y no ser ingenuos a la hora de presentar campañas y llevarlas a la práctica.

A pocos meses de elecciones, y con el 90% de candidatos de derecha o centroderecha, la izquierda tiene la tarea difícil de seducir al pueblo colombiano, no con mentiras, sino resistiendo a ellas, a las que son presentadas en los medios diariamente, a las que son enviadas por las redes sociales, resistiendo al mensaje de terror que puede que nuevamente nos lleve a las urnas a tomar decisiones equivocadas.

Angie Reyes
@Angie_zzu

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