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“Bravucones inconsistentes”

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El diccionario de la RAE entiende como bravucón a quien es “esforzado o valiente sólo en la apariencia”, y define inconsistencia como falta de consistencia, siendo esta entendida como “duración, estabilidad, solidez”, en la primera acepción que se encuentra en esa obra.

Eso quiere decir que la representante a la cámara del Centro Democrático, Margarita Restrepo y su amo, les mandaron un mensaje a sus contradictores, diciéndoles que son unos valientes sólo en la apariencia, cuya duración, estabilidad y solidez deja mucho que desear.

Es decir, se comportaron como quien lanza amenazas por teléfono, o a través de una cuenta de tuiter, pero que no es capaz de enfrentar en cara a cara a sus adversarios, es decir, un bravucón. También quisieron ridiculizar a sus opositores, dándoles a entender que no honran la palabra empeñada, como lo hizo el candidato que ganó las presidenciales en 2002, que prometió un acuerdo de paz idéntico al que ahora se formaliza, pero que luego cambió de discurso, es decir, inconsistente.

¿Bastará el desacuerdo ideológico para pretender acallar a los contradictores? Creo que no.  Todo lo contrario. Quienes se precien de pertenecer a un órgano que es la representación física de la democracia, tal como lo es, a pesar de sí mismo, nuestro Congreso, deberían dar ejemplo y permitir que otras voces puedan ser escuchadas y, a través del debate y los argumentos, convencer a los electores.  

Sin embargo, no es la primera vez que los señores del auto denominado Centro Democrático buscan la combinación de todas las formas de lucha para silenciar a quienes no piensan de la misma forma en que lo hace el único que usa el seso en esa secta.

En efecto, la señora Margarita Restrepo retomó la senda de la guerra sucia y publicidad negra que caracteriza a esa secta.  No buscan que sus ideas o propuestas lleguen a oídos críticos, sino que pretenden que el elector salga a “votar enverracado”, y luego alcoholizan a sus gerentes electorales en las campañas.

En este caso Restrepo acudió a la manipulación de fotografías de sus contradictores, mostrándolos amordazados, acallados, torturados por medio de la imposición de cintas adhesivas en sus bocas y con lo que parece ser residuos de polvo o carbón en sus pieles. La creativa publicista de derechas acompañó su campaña visual con la frase “Bravucones inconsistentes los callaremos en las urnas”, adoptando parcialmente una frase que su amo y señor había pronunciado a través de la red de los 140 caracteres.

Pero, ¿quiénes son los contradictores?  O, preguntado de otra manera, ¿qué es lo que quiere callar la señora Restrepo? En las imágenes que he visto aparecen Iván Cepeda, Claudia López y Humberto de la Calle (http://www.semana.com/nacion/articulo/agresiva-campana-para-las-presidenciales-2018/544582). ¿Qué puede decirse de ellos? ¿Qué quiere la congresista que ellos se reserven?

No hay el menor vestigio de corrupción en alguno de los tres mencionados. No son benefactores de la “mermelada” que ahora le hace agua la boca al autodenominado Centro Democrático. Ninguno de ellos está bajo la lupa de las investigaciones por Agro Ingreso Seguro, asesinatos rotulados con el eufemismo de ‘falsos positivos’, o corrupción en el caso de Odebrecht.  Ninguno de ellos es político asentado en el Departamento de Córdoba, ni pertenece o ha apoyado a los ñoños o musas. Ninguno de ellos pertenece a una casta política que hubiese tenido un antepasado en el Frente Nacional. ¿Es a ellos a quienes quieren callar?

En este momento de paz y reconciliación, acogiendo el mensaje que dejó quien porta el anillo del pescador, lo importante es que la gente pueda hablar y que las víctimas conozcan la verdad de lo que sucedió en la guerra. Personalmente, sentiría vergüenza por estar representado en un órgano democrático por una persona como Margarita Restrepo, que busca tapar con cinta adhesiva las bocas de sus contradictores. Pareciera que no conocen formas distintas al odio, el insulto, la violencia o la guerra.

Basta recordar lo que dijo la también representante María Fernanda Cabal, sobre el carácter letal de las fuerzas militares: “Ejército es una fuerza letal que entra a matar”. ¿Es esa una postura democrática? ¿Es válido en una democracia disparar primero y preguntar después?

Ahora bien, no sé si, en medio de todo, se estén violando normas de carácter electoral, porque la señora Restrepo hizo clara alusión a una campaña política que aún no ha empezado formalmente. No de otra manera se habría referido a lo que sucederá en las urnas. Aunque, conociendo al Consejo Nacional Electoral, no va a pasar nada.

Esa es la cuota inicial de lo que claramente va a ser la campaña al congreso y a la presidencia. Con todo, no será reserva ni exclusividad del Centro Democrático. Vendrán amenazas, mentiras, engaños.

Lo hecho por la señora Restrepo debe ser de inmediato enmendado y rechazado por los miembros de su partido. Por señalar de ‘bravucones inconsistentes’ a sus contradictores, otros miembros de la derecha han sido investigados en materia penal, como los señores Carlos Castaño, Jorge Noguera, Jorge Eliécer Plazas, José Miguel Narváez. Ellos fueron investigados por el homicidio de Jaime Garzón, a quien consideraban un “bravucón inconsistente”.

Ni siquiera a Jesús Santrich se le respetó el uso de la palabra en el Congreso (http://www.eltiempo.com/politica/congreso/jesus-santrich-es-insultado-en-la-comision-primera-de-la-camara-140612). El turno en esa ocasión fue para el representante Edward Rodríguez, quien, acompañado de Álvaro Hernán Prada y Santiago Valencia, le gritaron “asesino” a Santrich.  

 

Es cierto que Santrich no es santo de mi devoción y que es su deber legal someterse a la justicia colombiana. Pero también es una lástima que los miembros de la derecha, adeptos al expresidente Uribe no hubiesen reaccionado de igual modo, cuando fue ante la plenaria que compareció Salvatore Mancuso (http://www.semana.com/portada/articulo/paras-congreso/67269-3) acompañado de Ramón Isaza y Ernesto Báez. Igual de asesinos que Santrich, no se sometieron a la justicia colombiana y fueron enviados por delitos de narcotráfico al exterior, con la consecuencia de no tener que contar la verdad en Colombia, liberándose de reparar a sus víctimas.

¿Qué hubiera sucedido si quien aparece en la foto con signos de tortura hubiese sido Álvaro Uribe Vélez? ¿Cómo habrían reaccionado sus partidarios?

Nuestra democracia es débil. Está demostrado. Solo necesita un pequeño empujón para que se quiebre en mil pedazos, como le sucedió a la corrupta politiquería venezolana al final de la década de los noventa.  Lo que la señora Restrepo y todos aquellos que opten por jugar sucio en la campaña política que se avecina están haciendo es permitir el quiebre democrático.

Se perderá en el olvido la idea pacífica de derrotar a los violentos con argumentos y votos, porque quienes están llamados a abrir las puertas de la democracia y permitir que los diferentes también hablen y sean derrotados en franca lid, están acudiendo al juego sucio, que no debe estar muy lejos del juego que está eliminando sistemáticamente a líderes sociales.

Bonus track: Si la Justicia Especial para la Paz es tan mala como la han pintado, ¿por qué Rito Alejo del Río y Diego Palacio se van a acoger a ella? Es posible que uno de los verdaderos problemas sea el requisito de verdad y no repetición.

Káustico

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