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El juego Catalán

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El enemigo común une enemistades. Eso, es sin duda un hecho a lo largo de nuestra historia. De igual forma que no hay mayor enemigo que un opresor, ya sea de deseos o de derechos.

En mi país existe cierta diversidad cultural. Algunas zonas incluso cuentan con idiomas concretos como puede ser el vasco, el catalán, el gallego, etc… Dicha diferencia además de supuestas costumbres, les hace sentir “diferentes”. Pero es una gran confusión, ya que en todo el territorio español subyace cierta idiosincrasia que nos hace parecidos. De tal forma que nos entendemos mejor entre nosotros, que igual con ciudadanos de países cercanos como Francia y Portugal.

Las diferencias, pese a las ideas independentistas son más bien “detalles” dentro de la forma de entender y comprender la vida. Pero, pese a tener más cosas que nos unen a cosas que nos separan, las ideas de independencia han ido creciendo a lo largo del siglo XX y sobre todo el XXI.

El desencuentro con el gobierno central, la desilusión con la vida política y los antiguos partidos, el desasosiego por la corrupción, han despertado y alimentado las ganas de separarse del país (si hasta yo tengo ganas de separarme del país, les entiendo perfectamente), creando así cierto desapego entre “españoles” y “catalanes”. En algunas zonas más extremistas de Cataluña se ha llegado, incluso, a tratar a los hispanohablantes con el desdén y el asco del “monstruo odiado”. El desencanto propio de la corrupción que azota mi país desde hace años, sin duda, ha sido el perfecto caldo de cultivo para radicalizar estos movimientos (antaño minoritarios, actualmente protagonistas del sentir de la población)

Y así, poco a poco, hemos sido testigos de una lucha “democrática” entre el gobierno central y esa zona del país llamada Cataluña.

Independientemente de la viabilidad de su independencia tanto a nivel económico, como político, como social, hay que ver un juego. El juego catalán.

Ante la amenaza del referéndum para decidir si se separan o no, ante la decisión de ser independientes una vez “votos” en mano, se encuentra el pulso al gobierno central y por extensión, algo que parece no querer ver. Sea o no viable el referéndum, la separación, etc…, la decisión, el proceso y lo que sucede durante él, es lo realmente importante.

Cataluña realiza una afrenta ante la constitución, sabiendo que dado el perfil del partido que gobierna su única acción será una incomprensible mano dura. Exacto, un intento de controlar la situación a base de intentar delimitar su grado de acción, para así poder frenarles.

Pero, ¿qué suele pasar cuando un tirano intenta pisarte en vez de escucharte?

Fácil: indignación, enfado e ira le siguen de la mano.

Eso nos lleva a que personas que jamás se hubieran planteado la independencia, apoyen lo que jamás pensaban apoyar. Probablemente no logren sacar adelante la independencia, por falta de herramientas legales y democráticas…. Pero el foso, ya lo han dejado. Cierto legado ponzoñoso que se adhiere a las ideas de las personas, que se inculcan en los colegios, creando y moldeando futuros independentistas radicales. Dicho foso, no es más que una forma de tener más masa popular de respaldo y por extensión, mayor poder político. El poder político es igual a poder de presión hacia el gobierno central. Y eso, en resumen no es más que un constante poder hacer lo que quiera.

Pero claro, la sobrada inteligencia del partido que gobierna en España (véase la ironía, por favor), cae en la trampa. Viendo como única solución la mano dura. Dicha mano dura necesaria como actor en el “juego de Cataluña”.

Ainhoa Escarti
@ainhoaecarti

 

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