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La combinación de todas las formas de lucha

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En 2018 se llevarán a cabo elecciones parlamentarias y presidenciales. Nunca he estado de acuerdo con que se haga esa combinación electorera. Debería ser cruzada, es decir, que en medio del período presidencial se elija congreso, para poder hacer una forma de control político. Si el gobierno en ejercicio va mal, se tendrá la posibilidad de elegir un congreso que le haga oposición y mayor control.  Del mismo modo, un congreso desprestigiado abrirá paso a una fórmula presidencial que haga contrapeso verdadero.

No puedo decir que esa fue la suerte que nos tocó, porque las fechas fueron cuadradas con amaño, adivinen por quiénes.  Es claro que más que fórmulas de control político, lo que presenciaremos los colombianos desde este momento y hasta mayo o junio de 2018 será un concubinato excremental, pensando en Roberto Gerlein, es decir, parafraseando sus palabras sobre las parejas homosexuales.

Ya van siendo notorias las mangualas que se preparan.  El protagonista principal en estas jornadas es el partido que nunca pierde.  Se llama Conservador, tal vez porque su principal consigna es conservar los puestos.  Digo que nunca pierde, porque aplica una especie de “plan avispa”. Dejan huevecillos en todas las propuestas y todas las ideas. Incluso los puede uno ver amangualados con la izquierda en las regiones.  Siempre salen en la foto diciendo ¡ganamos!

Surgido de la fusión de antiguos conservadores, antiguos liberales, eternos políticos, antiguos uribistas, mutantes santistas, se construyó el mejor ejemplo de lo que es la peor política: cambio radical, así, con minúsculas, como sus principios.  Los principios de cambio radical no se negocian, simplemente porque no tienen valor de uso, ni valor de cambio.  Ese partido político, fundado y dirigido eternamente por Vargas Lleras se separó de lo que era el partido Conservador y del Partido Liberal, luego del fracaso estruendoso en las negociaciones de El Caguán, lideradas por un señor que se llama Andrés Pastrana.

Con el país hundido en secuestros, extorsiones y ataques a pueblos, los aprovechados políticos quisieron tomar distancia del fracaso -como siempre- y levantaron toldos aparte. En una esquina, cambio radical. Y en la otra, el partido que se fundó para U-ribe, el de la U.  

En la combinación de todas formas de lucha, cambio radical es un maestro. A veces acude, incluso, a medios legales. Las mejores muestras de esa combinación de formas de lucha son evidentes en las elecciones regionales para alcaldes, gobernadores, diputados y concejales.  Que lo digan alias Kiko Gómez y alias Oneida Pinto.

Hoy el dueño de ese partido ha optado por apartarse -de nuevo- de lo que huela a fracaso.  La corrupción hizo metástasis en ese partido. Nadie responde, aunque aclaro que Carlos Fernando Galán, en su momento, hizo un llamado que llegó a oídos sordos en esa colectividad. Rodrigo Lara Bonilla se revuelca en su tumba al saber lo que hace su hijo repartiendo avales.  Vargas Lleras, Varón Cotrino y Rodrigo Lara son cortados por la misma tijera. Sus voces guturales, afectadas por el tabaco, forman un coro soez de patanería. No hay cordialidad en sus maneras y no conocen la palabra ‘respeto’.

Acaban de nombrar como presidente de cambio radical a Humpty Dunty, quien le ladra a la luna diciendo que cambio radical no negocia sus principios. ¿Nos cree tontos, acaso? Si es notorio que Vargas y los suyos están negociando con Cambio Radical su paso a la presidencia.

El partido de la U, alma bendita, fundado por Juan Manuel Santos, cuando actuaba como amanuense de Álvaro Uribe, es una especie en vía de extinción. Sus líderes más destacados son Roy Barreras y Armando Benedetti. ¡Hágame el favor!

Los nombres de estos dos ‘padres de la patria’ contienen el significado de lo que es el partido de la U: oportunismo, lagarteadas, leguleyadas y un largo etcétera.

En la táctica de combinar todas las formas de lucha no puede dejarse de lado al Partido Liberal. Si el lector regresa unas líneas, encontrará liberales en algunos de los partidos que se han mencionado. De hecho, vale la pena recordar algunos liberales notorios de esta república bananera: Álvaro Uribe Vélez, Vivian Morales, Pablo Escobar Gaviria, Alberto Santofimio.

La izquierda no se queda atrás.  Es una gama variopinta de representantes, que hoy se ubican desde la extrema izquierda Santrichista, hasta los moderados de Navarro Wolf, que ya tienen cordón umbilical con Claudia López.  En el medio posan Jorge Robledo, Gustavo Petro, la lopista Clara López, e incluso Piedad Córdoba.

No es posible identificar en la actualidad los ideales de la izquierda colombiana. Lo cierto es que ellos, como ningún otro, han combinado todas las formas de lucha política, incluso la lucha armada.  El partido farc, así, también con minúsculas, es una nueva propuesta, que de entrada tiene asegurados unos escaños en el parlamento.  Ojalá se convierta en una verdadera fórmula de control político y oposición a lo que está por venir. No creo que esta platanera se convierta en el espanto que inventó Maduro para la hermosa tierra venezolana.

Comienzan ya a destellar las nuevas luminarias del Centro Democrático en esta combinación de todas formas de lucha.  Se autoproclamó candidato al senado un fulano que es pastor religioso y homofóbico por convicción.  En el poster de lanzamiento aparece junto a la cada vez más graciosa María Fernanda Cabal, cuya joya ideológica más reciente es que los países socialistas no clasifican al mundial de la “Unión Soviética” (sic), olvidando que en los dos cuatrienios del gobierno de su amo, Colombia estuvo ausente de la cita orbital.

El concejal uribista Santiago Jaramillo forma parte de esa combinación de todas las formas de lucha de la derecha.  Cuando todos pensábamos que los límites del uribismo estaban en Fernando Londoño Hoyos o en Santiago Uribe, aparece este jinete del apocalipsis que huele a azufre.  Junto a él se encuentra el desmovilizado guerrillero Everth Bustamante y un antiguo miembro de las Juventudes Comunistas: el primo de Pablo Escobar, José Obdulio Gaviria.  

Sí señores. Obdulio fue comunista. Joven y comunista. ¿Quién lo creyera? Hablando de Pablo, en el listado de autoproclamados candidatos de la derecha siempre ha estado Popeye. Difícilmente un grupo político lo va a adoptar como candidato para algo, pero lo cierto es que ninguno de los miembros del Centro Democrático lo ha rechazado.

Y a propósito de comunistas, no se pueden echar en falta los gritos de María Fernanda Cabal, cuando al mejor estilo de Stalin gritaba que la fuerza del Estado debía entrar a matar.  Curioso que esa señora, de afinidad ganadera, reproche la violencia de la antigua guerrilla de las Farc, pero acuda a los mismos mecanismos para acabar lo que a ella no le guste.  También es ilógico que en el recinto donde supuestamente se hacen las leyes y se robustece la democracia, los militantes del Centro Democrático acudan a los gritos e insultos contra una persona que piensa diferente a ellos.  

Los autodenominados partidos políticos colombianos no nos representan. Son, sí, la representación de lo que ha sido esta platanera en dos centurias: manejo de los recursos y la tierra por unos pocos, asimilación a la fuerza de que el poder es para unos pocos, a los que llaman ‘clase política’ y que quien quiera entrar a ese reservado club, debe pagar un costo muy alto.

Si este país fuera políticamente serio y democráticamente maduro, nuevas propuestas para congreso y presidencia estarían abriéndose paso. Y aunque hay movimientos que quieren llegar por firmas al poder, van a llevarse una sorpresa al encontrar el costo que tiene una campaña política. Recuerden que por eso ganaron los musas y los ñoños.

Bonus track: Pariendo, apretando nalga, sufriendo, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Así fue la clasificación de la Selección Colombia al Mundial de Rusia en 2018. Gracias al equipo técnico, al profesor Pékerman, y por supuesto, a todos los muchachos que hicieron parte de estos dos o tres largos años de eliminatorias. Son admirables, son humanos y demostraron por qué son los mejores de esta platanera.

Y hablando de fútbol, las Leonas de Independiente Santa Fe están participando en la Conmebol Copa Libertadores Femenina. Más que la representación de un equipo, están representando a un país y son la semilla de lo que será, en poco tiempo, una gran Selección Colombiana Femenina.

Káustico

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