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El terremoto y la cachucha

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Por: Santiago Jiménez Quijano*

De las decenas de videos que están circulando en las redes sociales por cuenta del terremoto en México, ninguno es tan conmovedor como aquel en el que una multitud entona Cielito lindo al lado de la carretera mientras pasan las camionetas con los rescatistas que van a hacer su trabajo. Ay, ay, ay, ay, canta y no llores, se escucha de fondo y luego, al finalizar la canción, un hombre grita ¡Viva México!, y obtiene una réplica idéntica pero multiplicada por decenas de voces, que erizan la piel y estremecen el alma. Y entonces uno no puede dejar de pensar que México no está perdido del todo, a pesar de las noticias que nos llegan a diario desde allá y hablan de un país sumido en una gran cantidad de males, en especial esos dos que nosotros conocemos tan bien en Colombia: la corrupción desmedida, que estamos padeciendo ahora mismo en toda su intensidad, y la violencia desatada por la guerra contra los carteles de la droga, que vivimos hace ya unas décadas y parece cosa del pasado. Ese video de 21 segundos no solo nos hace ver que México, un país que se parecía tanto a la sociedad fallida que éramos nosotros mismos en los 90, tiene todo lo que se necesita para salir adelante, sino que nos revela con claridad lo que le falta a Colombia.

Porque solo hay que ver en esas mismas redes sociales el escándalo del día (que será tapado por el de mañana y el de mañana por el de pasado mañana y así sucesivamente): el trino de esta mujer, fanática, llena de odio, ignorante, esposa de un dirigente del mismo partido político que se alimenta del fanatismo y del odio y de la ignorancia que crecen como maleza en este país, anunciando a cuatro vientos, orgullosa, que se ha bajado de un avión porque en el mismo iba un guerrillero de las Farc.

Hay varias inconsecuencias en esta afirmación, pues las Farc ya no son una guerrilla (a pesar de que muchos miembros del susodicho partido, incluido uno de sus precandidatos presidenciales, quiera que recuperen las armas) y por lo tanto sus miembros ya no son guerrilleros y tienen tanto derecho a subirse a un avión como un paramilitar desmovilizado o un político de extrema derecha. Pero dejemos de lado estas minucias y pasemos a lo verdaderamente importante: ¿Cómo supo la señora que el hombre pertenecía a esta organización? Pues fácil: porque tenía una cachucha verde con una estrella roja. Así como lo están leyendo. Pues resulta que el señor no era miembro de las Farc. Era un ciudadano común y corriente. Y tuvo que salir su hijo a decirlo y a pedirle a la señora que se retractara porque estaba poniendo la vida de su papá en peligro al no haberse molestado en verificar su información. Prejuicios son prejuicios.

Entonces uno no puede dejar de pensar que así como confundieron al pasajero hoy, los que estaban en el poder en el oscuro periodo 2002-2010, cuando todavía existían las FARC como guerrilla y se les estaban dando de baja a sus miembros por todo el territorio nacional (o al menos eso era lo que nos hacía creer la propaganda oficial) confundirían a cualquier campesino que anduviera por ahí o que, mejor, fuera el dueño de una parcelita que obstruiría una futura carretera o, peor aún, alguna ruta del narcotráfico.

En fin. Uno lee el trino de esta señora y piensa, al contrario de lo que le ocurre con el video de los rescatistas en México, que no, que Colombia no tiene salvación.

Santiago Jimenez Quijano
*Escritor
@Santiagojq

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