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Nuestra especie siempre ha ido en busca de más conocimiento. Cuando hemos logrado comprender lo suficientemente el mundo donde vivimos, nos hemos aventurado a salir de él. Creemos, desde la total ingenuidad que conocer otras inteligencias no se diferenciará mucho de cuando se llegó a América.

En la ciencia ficción, siempre se dan por sentadas las vías de comunicación como posibles. Pero somos totalmente inconscientes de la imposibilidad de la comprensión de lenguajes ajenos al propio de nuestra especie.

¿Acaso no nos damos cuenta de nuestra propia incompetencia a la hora de tratar de comunicarnos con otras especies de nuestro planeta?

El lenguaje no es dominio único del hombre. El lenguaje existe en el mundo, pero damos contra un muro de incomprensión al no poder comunicarnos con otras especies. Pero ante ese impedimento, el hombre, arrogante como siempre en su historia, presupone la total baja o carencia de complejidad o inteligencia de esas otras especies con las que no logra comunicarse.

Somos islas egoístas incapaces de ver que la vida inteligente puede interpretarse de otra forma, que quizás no somos el culmen de nada, pese a nuestros logros, pese a la tecnificación.

Deberíamos echar un vistazo atrás en la historia y ver que las egolatrías nunca les sirvieron para a ganar a los grandes nombres de la historia. Igual que la egolatría y el sentimiento de superioridad fue el talón de Aquiles de esos grandes nombres, también lo puede ser para nosotros como especie.

¿Si no somos capaces de crear nexos al nivel del metalenguaje con los que compartimos gran parte de nuestro ADN, cómo comprender a seres que pueden tener en vez de Carbono, base de Silicio o cualquier otro elemento?

Es lógico pensar que no estamos solos en el Universo, porque la casualidad nunca es tan precisa. Pero, ¿de qué nos sirve la existencia de otros seres si seremos incapaces de crear una línea de comunicación?

Comunicarse, expresar tanto de forma explícita como puede ser el lenguaje hablado, o de forma implícita como el lenguaje corporal, se convierte en una exigencia a la hora de tratar con otros seres vivos.

Quizás, cuando logremos entender a nuestros compañeros de planeta, tengamos la primera piedra para lograr comprender todo lo que está por venir.

Ainhoa Escarti
@ainhoaescarti

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