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Promesas incumplidas

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A mi generación se le prometió todo, se nos inculcó en la cabeza que la opción universitaria y la preparación académica eran los mejores caminos para poder conseguir todo lo que se nos había prometido. Se nos dijo con total seguridad que el mundo que nos venía iba a ser el mejor posible, que nuestro futuro estaba asegurado, radiante, lleno de majestuosidad y riqueza. Nunca nos dijeron, que nos tendríamos que ir, que un porcentaje bastante alto viviría peor que sus padres, nunca nos dijeron que perderíamos nuestra inocencia y nuestros sueños en un futuro. Es curioso cómo nos hemos perdido en los años de auténtica crisis económica que empezó cuando los más mayores de nuestra generación iniciaban su vida laboral. ¿Cómo poder convivir con las promesas de que íbamos a vivir infinitamente mejor que nuestros padres y la realidad de que jamás llegaremos a vivir con la seguridad que vivieron?

Mi generación se va perdiendo, se puede ver en una nueva ola cultural llena de mensajes positivos, “buenismos” de colores radiantes y pastelosos. Cientos de refuerzos positivos que ocultan esa realidad que nos tenemos que comer cada día, sueldos misérrimos, cero estabilidad laboral y el peso de todas las posibilidades que nos dijeron que nunca se van a suceder. Pocos, muy pocos  han conseguido tener toda aquella vida que se nos prometió. Vemos a una mayoría de treintañeros con vidas cortadas, viviendo con sus padres, con sueldos paupérrimos que no les da para la independencia tan deseada, las personas más preparadas que abandonan el país sabiendo que igual cuando regresen ya no será para tener una vida aquí. Tantos sueños rotos y tantas vidas perdidas, desperdigadas para la generación que fue preparada para poder con todo, para ser el futuro.

La crisis, la crisis que nosotros no hemos producido, la crisis económica de la que no somos responsables porque nosotros estábamos estudiando. No fuimos nosotros los que decidimos de qué tamaño queríamos los pisos, no fuimos nosotros los responsables de la deuda, no fuimos nosotros los que solicitamos préstamos de forma casi gratuita a los bancos, nunca fuimos nosotros, pero sí que somos nosotros los que nos hemos tenido que comer las consecuencias, los daños colaterales de las decisiones que sí tomaron las generaciones anteriores que nos han precedido. Ellos también están pagando su precio, pero ¿por qué tenemos que pagar nosotros el precio de cosas que no hemos hecho? ¿Por qué pagamos con situaciones económicas que no se pueden mantener? ¿Con niños que no están naciendo  porque no nos lo podemos permitir? ¿Por qué nos conformamos con  autodoparnos en la sociedad de las redes sociales de un bienestar que es falso donde todo tiene que ser bueno y perfecto mientras nos guardamos para con nuestros adentros la realidad tangible?

Nuestra generación que va a la deriva, una generación muy moderna, muy innovadora pero que echa mucho más que ocho horas de trabajo mientras los sueldos no están acordes. Una generación que se ve teniendo que volver otra vez las frases franquistas: Que inventen ellos. Y allí nos volvemos los españoles, a otros países donde producimos con nuestros conocimientos. Porque es muy lógico y capitalista formar a miles de personas en una universidad pública durante años, gastar millones en recursos para que cuando por fin van a generar algo…. Los exportemos porque no tenemos modos para que generen recursos aquí.

Mientras vemos cómo se quedan en el país la lacra que no se pudo gestionar de gente mal formada o los llamados “ninis” que en su momento ni trabajaban ni estudiaban. Y sí, digo lacra porque si miramos las estadísticas son las personas, los desempleados a los que cuesta más colocar. Muchos de ellos irresponsables que vieron el dinero fácil de la burbuja y pensaron que formarse no era necesario, que trabajar en un obra y sacar dinero rápido y fácil era algo infinitamente mejor. Y ahora están aquí, en círculos incansables de desempleo y trabajos de muy baja cualificación y calidad. Así estamos en un país con cuatro que han logrado tener la vida prometida, con muchos que son lastres porque no se han inventado más allá del auge de la construcción y otros tantos muy valiosos produciendo y creando para países que a veces son difíciles de situar en el mapa.

Ainhoa Escarti
@ainhoaescarti

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