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Échele café

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No sabemos sobrellevar la tusa, eso es claro. Si no me crees, ve un viernes a la 85 con 15 pasada la medianoche. Allí podrás ver a la juventud del papa, caída de la pea, llorando y llamando a sus exnovios.

Entonces, ¿cómo sabes que padeces una mala tusa? Uno, porque aumenta tu ingesta de alcohol o sustancias en un porcentaje considerable. Dos, pierdes todo sentido de elección y de cucaracha para abajo te sirve, mientras sea compañía. Tres, negocia todos tus principios. Cuatro, la fiesta es tu nuevo pastor y con ella nada te faltará. Cinco, te descuidas de forma física y emocional. Seis, si Facebook o Instagram pudieran hacer denuncias por revisión de perfiles tú ya estarías en la cárcel.

Las tusas y los corazones rotos siempre van a estar presentes.¿Por qué? Porque perder también hace parte de la vida. Como seres humanos, una de nuestras primeras lecciones es perder y decir adiós. Perdemos muchas cosas: perdemos nuestra niñez, nuestros dientes, nuestra juventud, años de colegio, padres, hermanos, amores… Y hasta ahora no hay nada que podamos hacer para detener los ciclos. Hacen parte de nuestra naturaleza.

Por eso siempre tendrás dos opciones. Una, asumes estas pérdidas como mejor puedas. Dos, te tiras al caño hasta que llegue alguien a salvarte. El problema de la segunda, es que nunca te permitirás asumir el dolor, sino que tratarás de esquivarlo como puedas y esto es algo con lo que, más temprano que tarde, tendrás que lidiar.

Asumir una tusa como Dios manda no es fácil. Implica mirar el dolor a la cara y decirle: “Estoy listo para llorar, hacer el duelo, decirte adiós y dejarte marchar”. Entonces siempre resultará más fácil evitar esto, engañar al cuerpo para que crea que no le duele, darle trago, sexo, diversión; pero él no es bobo, sabe muy bien que una parte importante desapareció.

También, dejar marchar a alguien implica rendirse, soltar su mano por completo. Renunciar a la esperanza de que regrese, se arrepienta, se dé cuenta de que también te está perdiendo. Rendirse es la peor parte, porque en el fondo piensas que si sostienes un poco más, aguantas un poco más, el resultado será diferente.  

A veces, tenemos que pasar por todas estas cosas: despertar al lado de una cucaracha, bebernos hasta el agua del florero, bajar de peso de forma impresionante, dejar de dormir, stalkear a todas las personas que le dan like, llamarlo, implorarle que regrese. Para que al final, después de todas esas vueltas, regresemos al mismo lugar, tal vez más dolidos, pero listos para decir adiós y soltar.

Mi única recomendación aquí es: cuídate ¿Cómo? Piensa que tienes una gripa monstruosa, si estás enfermo ¿te irías a chupar frío a la calle? Más bien te arroparías, comerías suave, te mantendrías calentito y te consentirías. Con esto no harás la herida más grande. Ya pasaste por el rechazo, como para que tú mismo te hagas más daño.

¿Cómo sanas una herida emocional? Cuidando de ti. Ahora hay mil quinientas opciones: psicólogos, coach, terapias de flores, matas, aire, agua, etcétera, lo que se te ocurra menos brujería. Pero la más importante siempre será, léeme bien, tiempo.

Elamoresparapobres
@Amorparapobres

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