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Contéstame por favor

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Mi querido lector ¿Sabes qué puede ser peor que un “no”? Un mensaje visto o un buzón de voz. Quizá porque en la primera opción la respuesta está a la mano y te será fácil deducir que al ser humano en cuestión no le interesas. Pero con las otras opciones te romperás el cerebro pensando en qué pasó para que no respondiera ese mensaje o esa llamada: volvió con algún ex, se enamoró de alguien, no le interesabas lo suficiente, le robaron el celular, fue muy pasado lo que dijiste… Un sinfín de respuestas mentales que tratarán de apaciguar el rechazo.  

Hace ya varios años, sostenía conversaciones con un sujeto que para mí era lo más interesante que había pisado la faz de la tierra. Me desvelaba escribiéndole babosadas, como una adolescente, y me despertaba como loca para leer sus respuestas, etcétera, etcétera. Hasta que, en el calor de la conversación, enviaba un mensaje y bum él me dejaba en visto y no volvía a contestar. Destruida, con golpes en pecho, repasaba la conversación, palabra por palabra, para ver si algo de lo que yo había dicho podía haber desatar su partida.

Después de varios meses sin tener noticias de él, aparecía un nuevo mensaje y el mundo se detenía; volvía a caer en interminables intercambios de información con el susodicho, hasta que nuevamente me dejaba en visto. Si yo hiciera una evaluación de esa relación: Nos vimos unas cuatro veces y charlamos por mensajes una eternidad, hasta que él de forma abrupta abandonaba la conversación.

Si yo pudiera clasificar este tipo de personas dentro de un rango serían: Dementores, porque la energía vital que consumen es absurda. Esto es una reflexión, no desde la María la del barrio que vive en mí, sino desde la persona adulta que soy que les puede decir que la culpa fue cien por ciento mía. Yo también pude abandonar ese barco la segunda o la tercera o la cuarta vez que me dejó en visto y no lo hice ¿Por qué?  Tal vez porque, la María la del barrio que vive en mí, esperaba que terminara en un romance real.

Los Dementores, dentro de todas sus gamas de habilidades, tienen el poder de enganchar con conversaciones inútiles y, al huir, dejar un poco más oscuro el mundo de lo que estaba antes. A un Dementor no se le puede reclamar nada, porque no ha dejado nada sobre la mesa para poder reclamar; nada que le puedas decir, porque no está en su naturaleza entregarse a ti; así que solo resta, mi querido lector, sacar toda tu fuerza interior para no responder los mensajes que te envía.

Yo no me voy a poner a decirte que las personas que te dejan en visto son unos tales por cuales. Mi querido lector, seguramente tú también has sido, o eres, el Dementor de alguién. Recuerda las razones por las que no respondiste un mensaje: estabas aburrido, te entretenía más otra persona, no estabas seguro, o, simplemente, no te convencía lo suficiente para darle largas a una conversación con cualquier Sutano.

Tampoco te voy a decir qué hacer. Siempre que tengas un Dementor en frente vas a tener dos opciones: seguir contestanto o pasar la página. Puede quizás que algún día te llenes de valor y seas tú el que lo deje esperando.  

Recuerda: siempre hay alguien que termina la conversación.

Elamoresparapobres
@Amorparapobres
Web: Elamoresparapobres.com

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