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La violencia es en el fútbol, no solo en los estadios

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En los últimos dos años, especialmente, el fútbol profesional colombiano se ha visto afectado por un fenómeno que muchos creíamos se había erradicado de los estadios del país: los enfrentamientos entre barras al interior de los escenarios deportivos, especialmente en los llamados “clásicos”. A pesar de los múltiples esfuerzos y medidas que se han tomado desde las autoridades del fútbol, en Colombia y en el exterior, este problema parece estar lejos de una solución definitiva y peor aún se percibe un aumento en la agresividad en los discursos y acciones de los grupos llamados “barras bravas”. Es más, se siente en el ambiente futbolero, desde los hinchas especialmente, que las instituciones encargadas de velar por una sana convivencia en el fútbol no saben qué hacer, no tienen un horizonte claro de acción para afrontar el resurgimiento de las violencias en los estadios y trastabillan al momento de tomar medidas contundentes, en algunas ocasiones son muy laxos y en otras desproporcionados.

Como ya lo había denunciado en mi columna del 22 de marzo de 2017, El apartheid del FPC, medidas como el cierre de los estadios y las ciudades para las hinchadas visitantes ha generado nuevas formas de ejercer control sobre los territorios y los estadios por parte de las barras de los equipos locales, las cuales hacen cacerías de brujas al interior de las instalaciones donde se van a jugar los partidos. Para la fecha de éste escrito, tomé como ejemplo los hechos ocurridos en los partidos entre el Medellín y Cali, América y Nacional y Millonarios – América, para el día de hoy podemos ampliar la lista con los hechos violentos ocurridos en el estadio Pascual Guerrero el día 25 de mayo entre hinchas de Cali y el América, los enfrentamientos entre hinchas de Nacional el 16 de agosto de este año a las afueras del estadio en Medellín, el enfrentamiento en la tribuna sur del estadio el Campín entre hinchas de Millonarios y la posterior cacería a hinchas del Junior en Transmilenio ese mismo 6 de agosto, el jueves 17 se enfrentaron hinchas del Tolima con los del Once Caldas en el estadio Palogrande de la ciudad de Manizales.

Si en marzo aseguré que las autoridades locales y naciones, públicas y privadas, preferían ocultar el problema antes que atacarlo, hoy, con toda la escalada de violencia que se presenta, me atrevo a asegurar que éstas se rindieron, no atacan la violencia asociada al fútbol, la disimulan, no tienen acciones eficientes y por eso las medidas no han servido para eliminar la violencia de este hermoso deporte. ¿De qué sirve cerrar los escenarios deportivos a la barra “Blue Rain”, por ejemplo, si en los barrios los líderes y miembros de la barra reproducen mensajes de violencia y discriminación a quien no se comporte y crea en lo que ellos creen? La violencia sale del estadio, pero no del fútbol.

En este punto es necesario que las autoridades empiecen a demostrar gestión real para sacar a la violencia y los violentos del fútbol. Detrás de las barras hay todo un modelo de negocio, legal e ilegal, en el que incluso intervienen algunos clubes; una economía gris que sirve como motor para mantener estructuras jerárquicas, dictatoriales, violentas, regionalistas y radicales que explotan al deporte como medio para mostrar poder y a las que en varias ocasiones las decisiones de las autoridades le han servido como trampolín para aumentar su capacidad de infundir miedo. Las familias no van a volver al estadio mientras las barras sean las dueñas del escenario y del fútbol profesional colombiano, ¿cómo esperamos que los niños vivan el fútbol en paz cuando el “Frente Radical Azucarero” se siente orgulloso de tener un “ala militar” y a las autoridades parece no interesarles? Espero que las autoridades entiendan que detrás del fútbol hay más que un simple deporte y que así como se ha generado violencia asociada a su práctica se puede construir cambios sociales importantes y profundos en una sociedad acostumbrada al odio y la discriminación, como lo es la colombiana.

Ojalá algún día deje de existir la violencia en el fútbol profesional colombiano y la próxima vez que usted vaya al estadio y el hincha visitante esté compartiendo tribuna con usted, así sea separado por miles de policías, recuerde que ambos tienen una vida más allá del alentar al equipo, que en casa los esperan y que nada justifica una agresión al otro, mucho menos el color de una camiseta. Ya que las autoridades no han podido con el problema, empecemos los hinchas por dar ejemplo, exijamos estadios, canchas, barrios, parques y cualquier otro espacio deportivo seguro y en paz.

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