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Cuando hace mucho, me ofrecieron escribir artículos de opinión, pensé ¿tengo algo que decir?, es más, ¿tengo tantas cosas que decir?

Al principio dudaba, no estaba segura de “estar al nivel “, no estaba segura de que mi opinión tuviera valor o pudiese interesar, y menos me veía capaz de escribir fuera de mi literatura rebuscada. A mi preocupación se sumó el hecho de no escribir para mi país, de escribir para Colombia (ahora también escribo de vez en cuando para mi país, España), mi gran preocupación tenía base en mi total desconocimiento de Colombia más allá del cine del país, de mis conocimientos de su historia, ¿cómo conectar con desconocidos? ¿Cómo conectar con personas que llevan otro tipo de vida, en otras condiciones e incluso climatología y expresiones? Dudas, las dudas lo eran todo. Pero como suele suceder en mi vida, hay un pequeño demonio inconsciente en mí que acaba gritándome un ¿por qué no?, me convence y digo que sí a todos los retos nuevos.

Mi primera página en blanco para Nuevo Diario, fue complicada. A veces, se me pasaban temas ante los que me decía ¿qué les puede importar a ellos?, otras veces se me ocurrían lo que yo pensaba que eran auténticas bobadas, incluso llegué a escribir un artículo tan intelectual como incomprensible. Tuve que dejarlo unas horas y pararme a pensar. ¿Quién soy? ¿Qué quiero hacer? ¿Qué quiero contar?

Me di cuenta de que jamás en mi carrera como escritora había escrito nada por “encargo”, que siempre había plasmado en mis libros mi yo inmediato, mi arrebato, mi sin censura, mi esencia más o menos loca, mi esencia con todas sus rarezas.

Con toda la responsabilidad de la confianza depositada en mí, con toda mi negatividad diciéndome “va a ser un artículo de mierda, te lo van a confirmar y será el último”…

Justo entonces nació el que fue mi primer artículo de opinión “Ser”, una corta reflexión sobre la autenticidad, donde me ponía, donde mostraba mis ideas sin pudor. Porque yo existo sin pudor teórico, con ideas claras, mente critica, y preguntas ante todo lo que se me presenta cerca. Al final, en unos cortos cinco minutos, mis dedos se deslizaron deprisa por las teclas, martilleando más que acariciando. Escribiendo, simplemente. Hacía con los artículos, lo que siempre había hecho con la literatura. Me había sentado, me había dejado poseer por mis ideas y ellas mandaron. Finalmente fluyó, y aunque debo admitir que fue de mis peores artículos, de ese que no estoy orgullosa, fue sin duda ese clic que necesitaba. Mis inseguridades se calmaron tras el: ok, tu artículo se publicará. Respiré profundamente, ya estaba hecho. Ahora además de escritora, era articulista. Y aunque mi pequeño artículo no fuera nada del otro mundo, fue el comienzo para descubrir que mis ideas siguen surgiendo, para verme a veces tomando notas donde puedo sobre ideas o cosas que me suceden y sé que serán un artículo interesante, también expulso mis demonios, quejas, frustraciones ante los ojos que las quieran mirar y quizás con suerte reflexionar sobre cosas que creo son importantes en la vida a lo mejor con mucha más suerte, cambiar aunque sea un milímetro alguna visión demasiado arraigada al pasado, o simplemente hacer pensar sobre nuevas visiones del mundo en el que nos movemos.

(Puedes leer: Ser)

Actualmente los artículos fluyen, en apenas diez minutos los tengo hasta corregidos. Es como si mis dedos vagaran con un rumbo certero sobre las teclas del ordenador, es como si mi voz cuando dicto un artículo al programa de grabación de voz, hablara con un amigo. Es como si tú que lees mis letras, que quizás sigues mis artículos, tú fueras un amigo con el que mantengo una conversación unilateral que se alimenta de que tú lo leas.

Sin duda, puedo decir que no me arrepiento del impulso al que me empujó ese pequeño demonio mío que llevo dentro y me hace decir siempre que sí. Gracias demonio, gracias Andrés, por hacerme descubrir, que mis ideas a veces extrañas, tienen hueco y son dignas de tener su propia voz.

Ainhoa Escarti
@ainhoaescarti

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