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No tengo novio

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El reflejo en la ventana del bus me devuelve mi imagen, la de un hombre joven, introvertido, que no cree en relaciones convencionales, pero con necesidades corporales de compañía femenina y sexo esporádico. En este instante me siento realmente aburrido, tranquilo pero hastiado.

Tengo bastante tiempo durante el trayecto a casa para pensar. Paso cerca de donde vive Juliana por lo que es inevitable que su imagen se atraviese en mi mente. Cada vez que termina con su novio suele enviarme e-mails muy sugestivos los cuales significan que no quiere pasar la noche sola. Esos mensajes incluyen una foto suya con diferentes prendas para despertar en mí el tipo de pasión que le apetece en cada ocasión. Mi mente vuela, casi puedo ver la pantalla de mi computador y la mayoría de los mensajes de la carpeta “guardados” son de ella.

Fecha: 15 de enero – Asunto: Serena, Para aliviar tus deseos sin prisa, pero sin pausa. La foto: Juliana recostada en una butaca blanca ataviada con un contrastante juego de sostén y tanga de algodón rosa y encaje negro.

Fecha: 18 de febrero – Asunto: Juguetona. En esta ocasión con un colorido y alegre estampado creó el ambiente perfecto para un travieso juego de manos.

Fecha: 25 de marzo – Asunto: Glamorosa. Me sedujo con el precioso encanto de un corsé y panties de encaje blanco que modelaban su figura a la perfección. Más seductor ¡imposible!

Fecha: 19 de mayo – Asunto: Vampiresa. Un corsé negro de algodón y lycra pegándose subversivamente a su cuerpo. Una perfecta fusión con una reveladora tanga y ligueros que la envolvía en una enloquecedora aura de mujer fatal.

Fecha: 12 de Julio – Asunto: Tierna. Exudaba ternura envuelta en la voluptuosidad de los encajes y tules de un clásico babydoll con tirantes fruncidos y tanga en combinación

Y agosto estaba llegando a su fin. Me sorprendía que esa parejita aún no hubiera peleado. Juliana era una maldita. Sabía cómo tenerme al borde del éxtasis. Llego por fin a mi casa, el frío calándome hasta los huesos. Solo me queda ponerme encima algo cómodo y seco, revisar el correo e irme a la cama. Ni siquiera tengo ganas de comer de lo cansado que me siento.

Casi me duermo durante los pocos segundos que el correo tarda en abrir. Lo primero que veo es basura y publicidad, lo cual borro sistemáticamente. Luego, un mensaje que en asunto titula: “No tengo novio”. Un escalofrío recorre mi cuerpo cuando caigo en cuenta de lo que significan esas palabras pues minutos antes estaba pensando justo en eso. Apenas si puedo esperar a que el adjunto titulado lencería_1 abra y cuando la foto lentamente comienza a hacer su aparición siento como si estuviera teniendo un infarto. Es mi amiga Juliana con un precioso conjunto de ropa interior color rojo cereza en encaje, sonriendo a la cámara. Sé de sobra lo que ese mensaje significa así que sin demora me visto de nuevo con lo primero que encuentro y me abalanzo a la calle ya sin sueño y con las hormonas a mil para desandar de nuevo parte del camino ya recorrido minutos antes. La foto es un aperitivo y desafortunadamente para mí, Juliana y su novio no pelean muy seguido. Ojalá fuera por lo menos una vez a la semana, con eso me conformaría.

La luz de una lámpara encendida en el tercer piso anuncia que me está esperando. Corro escaleras arriba y llego sudoroso y jadeando. No tengo que timbrar porque ella está ahí, escondida tras la puerta. Alcanzo a ver sus ojos, su cabello largo, lacio y oscuro, y uno de sus brazos, desnudo. Me acerco y ella me hala hacia adentro, cierra la puerta y al segundo siguiente me tiene apoyado contra ella. Estoy entre Juliana y la puerta, completa y deliciosamente atrapado.

Ella está como siempre, ataviada con la ropa interior de la foto y eso lo hace aún más excitante porque me da la sensación que voy a estar con una mujer que minutos antes era inalcanzable, que era solo una imagen. Me quita los lentes, me toma del cuello de la chaqueta y me atrae hacia ella para besarme introduciéndome su lengua hasta el fondo. Yo simplemente me dejo hacer, me limito a disfrutar del momento, no suelo ser tan pasivo pero hoy quiero sentirme un simple objeto sexual para que ella me utilice de la forma que prefiera.

Me susurra al oído que lleva horas esperándome. Comienza a desnudarme rápidamente sin dejar de besarme de esa forma que tanto me excita. Quedo en ropa interior, lo demás desparramado en el piso junto a la puerta, entonces la levanto de modo que ella queda a horcadas, colgada de mi cuerpo y la llevo a la habitación que tan bien conozco. La cama está revuelta, la deposito suavemente, pero ella, ágil como una gacela se anticipa a mis movimientos, toma las riendas y de repente me veo debajo suyo, completamente vulnerable, lo cual no me desagrada para nada.

Deslizo mis manos por sus muslos, desde la rodilla hasta las caderas, me detengo allí un momento recreándome en la suave curva de su cintura, luego subo un poco más, tratando de encontrar el cierre del sujetador. Ella me ayuda con esa tarea y se libera del sostén, lo deja a un lado y aunque primero su cabello cae en cascada sobre su pecho yo lo aparto para ver esos duraznos que tanto me gustan, pequeños y suaves, cubiertos de suave vello. Jugueteo con ellos un poco, primero con un dedo en cada pezón, acaricio las areolas con la curiosidad de un niño y noto como a ella le encanta esa suavidad con que la trato; de su boca sale un leve murmullo de aprobación que me anima a ir más allá, a ser un poco más rudo. Comienza a moverse sobre mí, simulando el acto sexual pues aún estamos en ropa interior y siento su sensual calor íntimo.

Se inclina sobre mi rostro y me besa esta vez más suavemente que al principio, luego comienza a bajar despacio y cuando sus labios han llegado a mi abdomen contengo la respiración, preparándome para lo que viene, porque sé que será de campeonato, como todo lo que Juliana me hace. Sus manos se apoderan de mi bóxer y comienza a deslizarlo hacia abajo. Me levanto un poco para ayudarla y en ese momento mi fusil emerge triunfante apuntando directamente hacia su boca, suplicándole con su erección que lo consienta un poco. Ella no se hace rogar, se inclina sobre él y lo engulle hasta el fondo. No sé cómo lo logra, pero no queda ni un trozo por fuera, cada centímetro está disfrutando de ese movimiento rápido de sube y baja que me lleva a la gloria.

Sin soltarme, se da la vuelta lentamente, girando de modo que me encuentro frente a frente con sus nalgas, separadas por un hilo diminuto que se introduce atrevidamente entre ellas. La acaricio donde alcanzo: nalgas, piernas, pies, espalda y luego por encima de la prenda, percibiendo su calor, aroma y humedad. Bajo su tanga hasta donde es posible y comienzo a mirarla, a detallarla a fondo. Está recién depilada y despide ese olor especial, agradable y excitante que tan bien conozco. La toco con suavidad, primero a los lados, sintiendo esa piel tan tierna y sensible. Me excita tocarla, casi tanto como lo que ella me está haciendo en este momento. Va más despacio a medida que se concentra y disfruta mis caricias.

Inclina sus caderas hacia mí indicándome que la bese allí. Hago caso, saco la lengua, acerco mi boca los centímetros que hacen falta y le doy un lametón, casi como si fuera un latigazo, mi lengua la quema, la marca de una manera invisible. Es la combinación perfecta de dar y recibir placer. Sus caderas se agitan, mi rostro está completamente empapado y ella me pide más y más en un murmullo que apenas se escucha porque tiene la boca ocupada. Mi lengua se enrolla en su clítoris, lo succiona, le da golpecitos.

Antes de llegar, ella se incorpora, se da la vuelta, termina de quitarse la tanga y se sienta a horcadas sobre mí, hincándose lentamente sobre mi miembro que parece a punto de estallar. Llega a la base, nos acostumbramos a la nueva situación esperando unos segundos y luego comienza a cabalgarme controlando los movimientos, yendo a su propio ritmo. Yo la ayudo moviéndome ligeramente, solo lo suficiente para no parecer demasiado pasivo. Mientras se mueve acaricio sus pechos y nalgas, las estrujo y amaso.

Se inclina sobre mí y me besa en los labios; se estira completamente cerrando las piernas de modo que puedo sentir todo su peso oprimiéndome y es completamente delicioso, algo indescriptible. Mis manos suben por su espalda y me abrazo a su cintura de modo que ni el aire cabe entre los dos. Los movimientos son casi imperceptibles pero no por mucho tiempo pues nuestros genitales están a punto de arder y es inevitable que se busquen cada vez con más afán.

La agarro de las nalgas con fuerza y ella hace lo mismo con las mías deslizando sus manos no sin cierta dificultad. Estamos completamente enredados, pegándonos el uno al otro y empujando nuestras caderas como si quisiéramos fundirnos… ojalá se pudiera. Juliana comienza a gemir que está cerca, que ya casi, que un poquito más, que no pare. Sus palabras me excitan tanto que exploto en su interior, pero no dejo de moverme hasta que ella me alcanza y nos dejamos llevar ambos por olas y olas de placer que se extienden durante varios segundos.

Se tumba extenuada sobre mi pecho, nuestros cuerpos relajados, vencidos por el cansancio de la pasión. Me encanta sentirla así para poder consentirla, acariciar su espalda. Y eso es lo que hago. Los latidos y la respiración de ambos poco a poco retornan a su ritmo natural. Ese momento es especial, muy íntimo y lo mejor es que me siento muy unido a ella en ese momento, tanto que quisiera decirle muchas cosas, pero sé que no tengo licencia. Estar así, a mi juicio, es casi tan placentero como hacerle el amor. Me acuesto a su lado y la abrazo hasta que queda dormida. Yo debo regresar a mi casa, a mi realidad.

Al día siguiente aparentemente nada ha cambiado. Vuelvo a mi rutina laboral, con la mente despejada, con sueño eso si, pero mucho más alegre y por supuesto Juliana regresa con su novio, aunque yo guardo la esperanza que antes que llegue la noche vuelvan a pelear.

Giovanna
@Giovanna20171

 

 

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