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¡A que te jodo ratón!

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Cuando alguien me dice que el hombre es cazador por naturaleza, me imagino a cualquier fulano echándole muela a una presa de pollo y me rio entre dientes. No es que quiera desafiar la evolución ni debatir dicho tema. ¡Ni más faltaba! Solo que la asociación entre un hombre del paleolítico que sale a buscar y a recolectar comida con la del hombre moderno que sale a levantar chica me parece, ¿cómo decirlo?, controversial.

Seguro más de uno o una se despelucará con mi atrevimiento al dudar de los skills del “moderno cazador” y no es porque pueda o no pueda cazar, sino por el hecho de que se me considere a mí como una posible presa. Visto desde otro ángulo, me imagino: yo, como un inocente venado, corriendo como Heidi en la pradera, incapaz de imaginar que a lo lejos me acecha un buen mozo cazador, listo, con rifle en mano, a disparar; para luego, celebrar, junto a sus compañeros de aventuras, la conquista de su nueva presa y, seguro, mi cabeza terminará en alguna pared. ¿Qué podrá decir de mí este “moderno cazador”? ¿qué fui una presa fácil o difícil? ¿qué me resistí hasta la muerte o que caí ante sus armas?

Quiero que le quede muy, pero muy claro a este “moderno cazador” que no soy un animal para cacería y debo admitir que estoy un tanto cansada de leer artículos que me digan cómo ser una buena presa. ¿Qué tan difícil debo ser? ¿Cómo debo actuar? ¿Cuándo debo dejarme cazar? ¿Qué cosas me deben gustar? Yo no quiero entrar en ese juego con nadie. No me interesa que un individuo despliegue todo su arsenal de cacería sobre mí si lo que está esperando es ganarse mi cariño o llevarme a la cama, para después almacenarme entre los contactos de su celular.

No soy tampoco un grado de dificultad. No me hago la difícil con nadie ni tampoco me hago “esperar”. Respondo lo que me preguntan y contesto mi celular al ver que me han escrito. Soy demasiado transparente para fingir que me gustan cosas que no me gustan. No soy excesivamente querida con los amigos de nadie, solo lo soy con las personas que me caen bien. No me maquillo todos los días y no salgo a la calle en culifalda y no lo hago porque sea una goda que se escandaliza con esto, sino porque en Bogotá hace un frío ni el hp. No puedo tampoco con el pelo largo, se me enreda con el bolso, con el cinturón y me quita como 20 minutos de mi tiempo al día; y no me he puesto tetas porque aún trato de descubrir si es por mí o por otro que me las pondría.

Así que, al encontrarme con la pregunta ¿Cómo debe ser la presa del “moderno cazador”? (visible en diferentes artículos de revistas y libros) me angustio por las y los pobres que se están comiendo esas sandeces. No le echemos la culpa a la evolución, sino a esta sociedad y su alto nivel de adoctrinamiento sobre las personas, que hasta para conseguir pareja tiene un manual. Porque, sin duda, a esa mujer a la que el “moderno cazador” le echó ojo, es justamente esa gran presa que se aprendió el guión de las abuelitas, la que se hace esperar, la que siempre tiene que estar divina, porque si se sube un kilo van y la echan, la que se gana a todos sus amigos, la que no interrumpe conversaciones, la que siempre está de acuerdo y, sobre todo, la que termina comiendo callada.  

Les recuerdo a todos los cazadores que ustedes siempre se aburrirán de sus presas, así sea Paulina Vega, y para todas las presas que están más buenas que el pan, sus cazadores se aburrirán de ustedes. Si no, pregúntenle a Beyoncé cómo le fue.

Y mis queridos lectores, se preguntarán: ¿a dónde va esta vieja con toda esa cháchara? Simple: ese cuento del cazador que me lo envuelvan. Creo que una relación se construye con el interés de ambas partes, ambos poniendo y ambos sumando. Mi querida lectora, si a ti te dejan de llamar porque no representas un reto, porque eres demasiado predecible o gentil, o quizá, porque tienes claro lo que quieres de una relación; créeme, puedes mandar a ese cazador de vuelta al paleolítico. Y si, por el contrario, mi querido lector, das con una fina dama a la que hay que tratar a las patadas para que funcione o para que demuestre interés, créeme, hay cosas más interesantes en la vida que estar monitoreando los pasos de alguien.

Déjame darte esperanzas mi querido lector, no todos tenemos ese gen, o tal vez hemos ido decantando los daddy issues con la sabiduría de los años. Por mi parte, espero que ¿si te caen?  sean gentiles, honestos, que no esperen que vengas con el libreto debajo del brazo para dar inicio a una relación, que te dejen ser, querer, aprender y conocer un amor más real.

Elamoresparapobres
@Amorparapobres

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