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¿Qué hacer si su pareja desaparece mañana?

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Una de mis mejores y más queridas amigas conoció a un sujeto en la universidad, quien, con el tiempo, se convirtió en su gran amigo. Pasó el tiempo y justo el año pasado comenzaron un romance de película, que terminó en noviazgo: había flores, besos, largas horas en el teléfono y todo el staff romanticón que despiden los enamorados.

Un día, después de que él la plantara en una cita, esta historia dio un malévolo giro, y el sujeto en cuestión desapareció. Dejó de contestar sus llamadas, dejaba sus mensajes en visto, hasta que después de un par de semanas ella dejó de insistir.

Ghosting (en inglés) o hacerse el fantasma, según diferentes medios, es una de las técnicas más crueles para dejar a una persona, muchos atribuyen este “fenómeno” a los millennials, que en teoría somos una cantidad de personas dentro de un rango de años, y a las relaciones mediáticas, a través de aplicaciones como Tinder, Grindr, etc. Pero esta historia no comenzó ahí.

Mi primer novio, un día cualquiera, dejó de llamar y de contestar mis llamadas, solo desapareció.; claro que éramos unos adolescentes y era como el 2003, para entonces la tecnología apenas estaba afilando sus lanzas, así que conocer su paradero o saber en qué andaba mi desadaptado “novio” era imposible. Años más tarde, y con dos de las relaciones que siguieron, me vi temblando frente al teléfono, me sudaban las manos, me dolía estómago y sentía mucha ansiedad; debo admitir que tenía miedo de que este par de hombres desaparecieran, tal y como lo hizo el primero.  

Hoy entiendo que ese evento que parecía una estupidez, me había dejado marcada, había quebrado mi seguridad, me había hecho sentir que no era lo suficientemente importante o valiosa como para merecer una respuesta, e incluso me hizo pensar que yo podía ser la culpable y que quizá, ¿por qué no?, me merecía lo que había pasado.

Cuando me pasó esto, yo era una adolescente y por supuesto no tenía los mecanismos necesarios, como los puede tener hoy mi amiga, para levantarse y seguir. Aun así, la miro y se parte un poco mi corazón, porque sé que repasa una y otra vez cada cosa que ella pudo hacer durante la relación para desencadenar esa violenta partida, la veo culparse, la veo sentirse vulnerable, triste, y no es justo.

Creo fervientemente y con la mano en el corazón, como si fuera a cantar el himno nacional, que no es culpa de ella: el man es un completo imbécil. También creo que se merecía, y que aún se merece, una respuesta, ¿por qué? Porque una persona como ella puede terminar pensando que no valen la pena, y que sus sentimientos no son importantes; peor aún, puede llegar a normalizar tanto este tipo de comportamientos, que el día de mañana sea ella quien  desaparezca de una relación, sea ella la que se convierta en el verdugo de quien hoy reniega.

Entonces, si una persona que para usted, mi querido lector, es significativa e importante, desaparece sin previo aviso, y no está muerta, le pido que, además de reconocer que este fantasma es un completo imbécil y de que usted me prometa que va a revisar los patrones de selección que lo llevaron a toparse con un individuo como este, por favor,  no sea sutil, no lo normalice, porque no lo es, usted tiene todo el derecho a sentirse usado por la manera como lo dejaron.

Mi recomendación jamás sería obligar a nadie a dar una respuesta que no quiere dar, en pocas palabras, no se desgaste persiguiendo o buscando a alguien que no quiere enfrentar esa situación, mi recomendación, es por el contrario: “olvídelo”, ¿cómo? Aléjese lo más que pueda de ese individuo, haga yoga, psicoanálisis, escale, cómprese una mascota, cámbiese de ciudad, comience una nueva vida, haga lo que tenga que hacer para sentirse mejor, pero por favor, no sé culpe, ya lo lastimaron demasiado como para que usted lo haga también y, cueste lo que le cueste, no se acostumbre a este tipo de personas.

El amor es para pobres
@Amorparapobres

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