Inicio Opinión El ancla en el pasado

El ancla en el pasado

1177
0
COMPARTIR

La globalización ha cambiado el mundo en los últimos años democratizándolo todo, haciendo que todo esté más cerca y que sea más viable. La globalización nos ha afectado en nuestra experiencia como comprador y usuario en casi todos los aspectos de nuestra vida, desde lo que comemos o lo que nos ponemos hasta los que escuchamos y vemos. La globalización era la consecuencia lógica del triunfo del capitalismo.

Justo en esta atmosfera postcrisis financiera mundial nos encontramos con el surgimiento de partidos y líneas políticas que optan por el proteccionismo y la nacionalización como elemento esencial del resurgir económico de cada país. Un ejemplo bastante claro de ello y muy representativo es la línea económica que dejó patente durante la campaña electoral Donald Trump o ese enfant fatale impredecible. El proteccionismo que es más parecido a sistemas de perfil socialista comunista que a perfiles de derecha liberales que son los que principalmente están sugiriendo este comportamiento económico.

¿Globalización o proteccionismo? ¿Igualdad a nivel casi internacional o la singularidad de la identidad de cada zona?

Tuve la ocasión hace un par de años de hacer un recorrido por Europa que me llevó a poder ver aunque fuera de forma ligera y superficial cómo era aquello. Exceptuando las zonas más dedicadas al turismo, cuando realmente te ibas a las zonas donde hacían su vida las gentes de allí casi ninguna tienda no me era reconocible. Podía comprar, vestir, comer o incluso beber las mismas cosas, o casi, que compro, visto o bebo en España. Y esto es el fruto de la globalización que hace florecer las franquicias en deterioro de las marcas o tiendas de cada región. La franquicia es el clímax democrático: todos vestimos o comemos lo mismo, estemos dónde estemos. ¿Es la globalización el deterioro y la perdida de la cultura propia de cada zona? ¿Acaso sólo quedarán las 4 cosas típicas y tópicas de cada zona perdiéndose entre tanta franquicia, las pequeñas maravillas? Ante una sociedad uniformada, es solo un daño colateral para poder disfrutar de grandes aspectos de la globalización como el acceso a la información, a la cultura, pudiendo leer perfectamente en tu país mangas japoneses o que el sushi sea ya algo “habitual” entre los habitantes de grandes urbes sea el país que sea.

Quizá cierto proteccionismo en las economías de los diferentes países no sea algo tan tremendamente malo, ya que entre otras cosas protege el empleo local. Pero lo realmente preocupante es el trasfondo de este tipo de comportamiento y de cómo se está dando. Es un proteccionismo nacido del hartazgo, del deterioro de la clase media, que a nivel laboral entiende la globalización como un ataque para engordar las listas del desempleo. Traer la mano de obra a tu país es una de las bases de este tipo de actuación económica. Pero estamos en una sociedad global, y el problema de las economías no es el volumen de exportación de China por su gran poder industrial a bajo coste. Estamos en una sociedad moderna que vivirá muchísimos más avances que ninguna otra sociedad que la historia haya conocido. A estas alturas de la historia, el proteccionismo económico no es más que un ancla en el pasado. Como un dicho antiguo de mi tierra “pan para hoy, hambre para mañana”, porque lo que pensábamos del futuro es ya presente y todos esos empleos que intentan proteger con esas políticas van a acabar desapareciendo. El concepto de manufactura ejecutado por la mano del hombre está en vías de extinción. No es ciencia–ficción, es desarrollo y ciencia.  Las decisiones que puedan tomar Trump u otros políticos de afecciones de derechas no van a salvaguardar la economía de sus países, simplemente van a ser un lastre y un retraso para la nueva forma social que está por venir. Nunca en la historia de la economía fue tan sumamente importante adaptarnos tanto a la globalización como a comprender que lo que realmente debería ser protegido son los padres y madres de todo esa investigación tecnológica y científica que nos va a traer un nuevo presente y una nueva concepción de los puestos de trabajo.

La globalización trae consigo que ideas como los coches autónomos sean una realidad en un espacio muchísimo más corto de tiempo que el que hubiéramos pensado. Porque antaño, habría sido suficiente con que las empresas se hubieran unido para intentar detener este tipo de avance, pero actualmente, en esta sociedad acostumbrada a la globalización y gracias a este nuevo capitalismo que vivimos, la adaptación es el lenguaje que mejor se comprende.

Ainhoa Escarti
@ainhoaescarti

Comentarios

comentarios