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El “coscorrón” de Vargas Lleras

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Germán Vargas Lleras es de esos illuminati predestinados a gobernar el país. Nieto de Carlos Lleras Restrepo y político desde su más tierna juventud, ha cultivado con paciencia su turno para ser el próximo inquilino de la Casa de Nariño por el derecho natural que le asiste al ser parte de las dinastías y los linajes monárquicos que en Colombia se disfrazan de democracia.

Desde 2010, cuando Santos decidió no tomar riesgos para la segunda vuelta que lo enfrentaba a Antanas Mockus, Vargas Lleras se convirtió en el heredero natural del poder del ahora Nobel de Paz. Su paciencia, dedicación y lealtad han sido premiadas no solo con la vicepresidencia para las elecciones de 2014, un cargo más honorífico que necesario, pero que a él se le engalanó y fortaleció con el manejo de toda la infraestructura del país, incluidas las principales vías y las viviendas, con lo que garantizará su elección en 2018 porque no habrá voto de opinión que lo pueda derrotar en un país en donde a la opinión se la devora sin piedad la necesidad.

En estos días se hizo viral un video en el que Vargas Lleras le da un puño en la cabeza a unos de sus escoltas, lo que jocosamente llaman un “coscorrón”. Según la nota del diario El Colombiano, el incidente se presentó el pasado 21 de diciembre en el departamento de Córdoba mientras el vicepresidente entregaba “casas gratis”, esas que se pagan con los impuestos de todos los colombianos pero que él capitaliza para su imagen de benefactor como si salieran de su bolsillo. Las imágenes dejan ver cómo el escolta se acerca a Vargas Lleras para alejar a las personas que se le abalanzan y en el entrevero el vice le conecta un golpe en la cabeza. Se puede ver la cara de desconcierto del infeliz cuidador que se queda impávido sin siquiera musitarle palabra a su agresor.

Vargas Lleras tiene fama de cascarrabias, de temperamental, de gritón y de tratar mal a sus subalternos. Exfumador empedernido, vicio que ha moderado a raíz de sus problemas de salud, ha generado un halo de grandeza a su alrededor alimentado por su séquito de funcionarios, aúlicos y lacayos ubicados en cargos estratégicos del Estado en las tres ramas del Poder Público y en todas las escalas de la política electoral a nivel regional y nacional como líder natural de esa fábrica de avales indiscriminados llamada Cambio Radical. Y más allá de la fama, a nadie en el país político le cabe duda que es el candidato más presidenciable de los presidenciables para las próximas elecciones de 2018.

La actitud de Vargas Lleras contra su humilde escolta es propia de una persona acostumbrada al poder y a la servidumbre. De niño se le veía encaramado encima de las mesas y los escritorios de la Casa de Nariño mientras su abuelito Carlos le celebraba animosamente la pilatuna. Me imagino que desde la altura de esos muebles el pequeño Germán divisaba esa finquita llamada Colombia, su feudo personal, sus siervos y sus súbditos, todo su reino al que tendría derecho como han tenido derecho los mismos cinco o seis apellidos durante los últimos dos siglos de vida republicana.

El pequeño Germán no ve funcionarios protegiendo su vida, sacrificando tranquilidad y familia por cuidarle la espalda. Ve esclavos a quiénes puede agredir. Lo más indignante es que estos comprometidos e incondicionales funcionarios ya han demostrado cuánto pueden hacer por él. En 2005, Vargas Lleras fue víctima de un atentado con una bomba contra su caravana en la 71 con 9na cuando salía de la sede de Caracol Radio. Lo salvaron la pericia de su conductor, como él mismo lo afirmó, y la valentía de sus escoltas, tres de los cuales quedaron heridos en el lugar de los hechos, mientras Vargas Lleras salía ileso.

Seguramente el vicepresidente dirá que estaba jugando, que no le pegó duro, que es una forma “cariñosa” de corregir a sus escoltas. Seguramente el escolta, de quién no sabemos el nombre porque son tan anónimos y abnegados como el burro de Sancho, dirá que fue una caricia, que no fue nada, que no importa, que su jefe es el mejor, el más bacán.

Este comportamiento de Vargas Lleras es natural en un país clasista por definición, racista por vocación y elitista por costumbre, en donde el poder se afianza con la autoridad y la autoridad se manifiesta con el abuso. Este “coscorrón” no sería más que una anécdota sin importancia si una cámara no estuviera en el lugar y si las redes sociales no operaran como caja de resonancia de la indignación nacional. Porque este tipo de atropellos se ven todos los días, en todas las esferas de la sociedad, en el sector público y privado, en todas las regiones en donde “la necesidad tiene cara de perro”, y el funcionario, el empleado y el subalterno tienen que soportar todo tipo de vejámenes y atropellos por parte de sus jefes y superiores para conservar el puestico que le da la plata para mantener a su familia. Y es normal.

He pasado por muchos cargos de la función pública y he sido testigo de las acciones de estos émulos a escala de Vargas Lleras. Jefes todopoderosos y arrogantes que pisotean la dignidad y la integridad de sus subalternos porque saben que de ellos depende el ingreso de una familia, de ellos depende la estabilidad y la superación de las necesidades básicas de un hogar que se ve sometido a los caprichos y deseos de estos germancitos. He sido testigo del silencio y resignación de subalternos humillados, les he visto llorar y morderse la lengua y llegar al otro día como si nada hubiera pasado. Y he sido víctima de varios despidos y acosos laborales hasta el aburrimiento porque yo no me puedo quedar callado ante la injusticia y la arbitrariedad de estos pequeños emperadores que asumen el poder como una prerrogativa personal que pueden usar para pasar por encima de los demás. Sin embargo, lo que más indigna y duele es que al final de la historia el pendejo es uno que se quedó sin trabajo y no logró nada, porque acá esos tiranos están protegidos por el status quo, por la complicidad del miedo y por la misma dinámica de los poderosos que los convierte en una logia solidaria

Este incidente entre Vargas Lleras y su escolta es solo una muestra gratis de cómo administran el poder los “ungidos” de este país, una degustación del acuario de delfines llamados a gobernar a Colombia por dos siglos más, un ejemplo de cómo a partir de hechos que parecen menores se replican los modelos infames de sometimiento y opresión de unas minorías boyantes, unidas y soberbias sobre unas mayorías dispersas, necesitadas y pusilánimes.

Acá está nuestro próximo Presidente señores y señoras, el intemperante que le pega a sus escoltas, ese que lidera un partido político que se llama “Cambio Radical”, cuyo principal objetivo es breve y simple: Que todo siga igual.

Andrés Felipe Giraldo L.
@andrefelgiraldo

 

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