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Esa gran desconocida

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¿La mujer? Es muy sencillo, afirman los aficionados a las fórmulas simples: es una matriz, un ovario; es una hembra: basta esta palabra para definirla. (El Segundo Sexo, Simone de Beauvoir)

Desde mi más tierna adolescencia he tenido que ver conversaciones entre susurros, miradas que intentaban decir cosas que su partenaire no entendía, incluso tráfico entre susurros y escondidas.

No sé en Colombia, pero en la sociedad postjudeocristiana en la que vivo existe un tabú incomprensible: “la menstruación”. ¿Cómo ignorar algo que todas las mujeres del planeta en edad fértil sufren cada 3-4 semanas? ¿Cómo ignorar la anormalidad física que supone para una mujer? Y lo más paradójico es que vivimos en una sociedad pro natural, pro biológico, y enmudecemos temas tan biológicos y tan naturales.

Por un lado entiendo a mi sexo. Así han sido muchas mujeres y muchos años de lucha, muchos esfuerzos para todas las pequeñas conquistas. Cientos de batallas para una guerra que aún no hemos ganado. Lo entiendo. Entiendo que parte de nuestra lucha, en vez de hacernos sentir mujeres, hemos buscado nuestra igualdad asemejándonos al hombre. Entiendo también que a ojos del hombre siempre ha sido muy fácil tildarnos de histéricas, de locas, de débiles, y que siempre ha sido muy fácil el acabar diciendo: “Ah, es que está con la regla”, “Seguro que está con la regla”, “Eso es por la regla”. Todo esto ha indignificado nuestra menstruación, haciendo que para nosotras sea un talón de Aquiles. Y al final lo hemos oscurecido, las propias mujeres tratamos la menstruación como algo repugnante, algo de lo que no se habla, lo que no se enseña, lo que no se dice. Algo que si se te adelanta, acabas susurrando a una amiga o conocida, avergonzada, para pedir un tampón o una compresa. Al final lo que hemos hecho ha sido desnaturalizar una de las cosas más naturales de la vida, la menstruación.

¿Tanto cuesta admitir: sí, mis hormonas me dominan, sí, me siento más débil, me pasan mil cosas? Porque no es simplemente el hecho de sangrar y no sentirte bien, es que para muchas mujeres el síndrome premenstrual es peor que una ruleta rusa. ¿Acaso no se ve el plus valor que tiene el seguir al pie del cañón pese a estar diezmada emocional y físicamente, vale, estar diezmada a un nivel bajo, pero estar diezmada? Debería hablarse con muchísima más naturalidad, que no fuera algo tan repugnante como defecar, porque no es tan repugnante como defecar. ¿Por qué no hablamos con naturalidad de la menstruación? ¿Por qué no somos conscientes y coherentes y no se toman a una mujer con menstruación desde un punto de vista de minusvalorar?

Probablemente las mujeres no estamos preparadas para buscar nuestra igualdad y nuestra independencia desde el prisma de ser féminas. En vez de buscar como lo hemos buscado, intentando ser igual que un hombre. No somos igual que un hombre, ni emocional ni hormonal ni físicamente. Y eso debería entenderse sin una visión vejatoria o degradadora. En este sentido la menstruación es como un ícono, algo que demostrará cuando hemos pasado ese nivel social en el que la mujer es tenida en cuenta desde todos los prismas  del poliedro que es. Eso será conquistado cuando los hombres realmente entiendan qué sucede, qué se hace, cómo funciona, y sobre todo cómo te sientes. Cuando hablar de menstruación no nos ponga tensos o nos levante el estómago, cuando un padre le explique a su hija en la pubertad “esto es la menstruación, esto es lo que tienes que hacer y esto es lo que te está sucediendo”, en vez de que ese papel sea siempre de la madre. Las cosas siempre se normalizan hablando de ellas, no escondiéndolas y relegándolas a susurros y al tráfico secreto y a escondidas de higiene intima.

Demostrado está históricamente que los conceptos encerrados en el tabú, además de desnaturalizar los acaba convirtiendo en una cosa negra, oscura, prohibitiva, un secreteo. Y ese tiempo de secretos solo nos llevan a la mala gestión por el desconocimiento. Desconocimiento que nos llega a ser sobre todo arcanos  y que nos lleva a imponer premisas irreales , normas sacadas de la nada, como las que podemos ver en las religiones donde la menstruación suele ser una base o una premisa para condicionar el comportamiento de la mujer y encerrarla en una cárcel de barrotes invisibles . Acaso tiene sentido hacer tabú de algo que aunque no seas consciente te rodea y es el día a día, es el 25% del año de una mujer.

La desnaturalización de la menstruación solo nos llevará a más base de desigualdad, al desconocimiento y a la incomprensión. La naturalización de la menstruación nos llevará a una autentica igualdad, ayudará a que el hombre tenga una mayor nivel de comprensión del mundo femenino. Porque lo que realmente me da vergüenza es haberme sonrojado por una menstruación inesperada porque mi compra en el súper se ha limitado a higiene femenina.

Ainhoa Escarti
@ainhoaescarti

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