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¿Dónde nacen las palabras? ¿Dónde la imagen se hace letra? ¿Cómo se produce físicamente el proceso creativo? ¿Cómo nace un escritor? ¿Nacemos o nos hacemos escritores? ¿Dominamos o nos dominan las palabras?

Crear, es un acto que no todos los humanos hacemos y no todos los humanos que lo hacen son realmente creadores. Porque crear no es solamente hacer o parir. Crear quizás no llegue siempre al nivel del arte. Un creador, en este caso literato, es otra cosa, es una persona capaz de abrirnos una ventana a un trozo de un universo y de hacernos estar en él. Porque no toda la literatura la podemos denominar creación. Olvidando incluso la autopublicación encontramos a muchísimos escritores que no son creadores. Porque un creador es algo más, es algo que nos transporta emocionalmente y los que habéis leído sabéis perfectamente a lo que me refiero.

Nunca supe por qué razón tenía la necesidad de esculpir palabras con tintas en libretas viejas y usadas. La mayor parte del tiempo era garabatear sobre hojas los impulsos, ideas y pensamientos que me estallaban en la cabeza. En esos momentos ni siquiera me planteaba si lo que hacía era escribir, escribir en mayúsculas, porque el simple hecho de escribir lo hacemos todos a diario. Los escritores, los que yo considero escritores, somos esa rara especie que escribe antes de saber qué quiere escribir y que poco a poco se va dando cuenta de que esa es su esencia. No es lo mismo alguien que escribe por ser reconocido, por intentar ganarse la vida con ello, que alguien que realmente lo necesita y que no entiende el mundo si no es expresándose en letras.

Algunas veces creía que era una simple necesidad, igual que algunos tocan un instrumento, esculpen o son capaces de ver que una realidad, en mitad de cualquier sitio es una imagen con significado y la captan para la eternidad. Yo simplemente llegaba incluso a escribir de forma rápida y a veces indistinguible, flases de mi cabeza en libros de otros autores, e incluso en manuales de mis estudios. Porque en esos momentos escribir era más como un rayo que me recorría el cuerpo, y que no necesita salir, que la necesidad de escribir una historia. La necesidad es un hecho sin explicación, como cuando tienes sed y sabes que necesitas beber agua, porque a veces los escritores nos pudrimos como esas plantas que no se riegan, cuando no podemos tener acceso a hacer físicos nuestros pensamientos. Cuando haces algo con este tipo de motivación deberías tener claro que estás ante parte de tu propia naturaleza (esa cosa sin sentido lógico que haces pese a que no cumple las bases del pensamiento racional lógico).

Muchas veces me han escrito para que asesore o critique, para que diga cómo escribir, cómo crear personajes o cómo hacer que las palabras encajen. ¿Qué puedo hacer yo? Si cuando escribo me limito a expresarme, me limito a sacar enredos y nudos que tengo dentro, en mi cabeza, en el sitio (esté donde esté) donde habita mi alma. No puedo daros consejos, puedo leer algo y decir si me gusta o no, si hay que trabajarlo o no, pero poco más. He leído mucho, eso es verdad. Siempre he pensado que una de las mejores formas de aprender a escribir es leer. Leer de verdad, no leer libritos de moda llenos de banalidad o frivolidad, no, no, no recurramos a las esencias, a esos libros que te mueven por dentro. Yo no sería nada sin Stefan Zweig o Hermann Hesse. Cuando alguna vez me puse una meta en esto de escribir fue un día que descubrí un libro de Jeanette Winterson llamado “Espejismos” y supe que quería escribir algo así, quería ser capaz de hacer sentir a las personas como ella me había hecho sentir a mí. Los únicos dos consejos reales que podría dar a aquellos que realmente quieren escribir: Uno, que sean sinceros con ellos mismos y desarrollen lo que ellos realmente quieren narrar. Y segundo, leer, leer muchísimo, leer de todo, investigar, documentarse, saber de lo que se habla.

Nunca supe por qué razón las palabras salían de mí, me lo pregunté mil veces sin una respuesta mejor que otra. Pero la respuesta llegó sola, cuando sin esperarlo un pequeño relato mío (que despierta amor y odio) estaba siendo leído en muchos países diferentes. Meses después vieron la luz otros libros y asimilé todo lo que estaba pasando. Entonces supe por qué razón las palabras salían de mí, algo dentro me confirmo: Señorita Ainhoa, sea usted mejor o peor, usted es y siempre ha sido escritora. ¿Soy creadora? Eso solo lo pueden decir el tiempo y los lectores, y cierta madurez en mi obra que todavía está en cocción.

Justo en ese momento supe que tuvieran menos o más tirada, mis libros seguirían saliendo. ¿Qué es escribir? ¿Por qué escribo? Fácil, es lo que soy y es lo que necesito ser.

Ainhoa Escarti
@ainhoaescarti

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