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Olas juveniles

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Bernie Sanders diciendo adiós a su campaña en Filadelfia.

Si fuera estadounidense seguramente sería demócrata. Estaría furioso con mi partido y totalmente decepcionado con mi candidato. Bernie Sanders es un senador demócrata de Vermont, Estados Unidos, el cual conformó uno de los movimientos políticos más esperanzadores para la juventud en los últimos años en tierras “gringas”. A diferencia de las campañas de Obama de 2008 y 2011, Sanders tuvo el amor como estandarte de una política incluyente y atractiva para muchos de los jóvenes norteamericanos. Todo esto me evoca a una época en Colombia, donde un sujeto y un partido lograron hacer lo mismo con millones de jóvenes colombianos: la Ola Verde de 2010.

Hace seis años tuve la oportunidad de vivir en Estados Unidos, específicamente en el estado de Oklahoma, un estado sureño lleno de arquetipos que lo hacían ver como el reflejo de toda una nación. Las familias blancas (caucásicas) estaban totalmente politizadas por los dos partidos: o eras un republicano que vive en su peor momento desde 2008 o eras un demócrata que no sabe cómo sentirse sobre la guerra desde 2001. Las minorías, por otro lado, buscan diferentes maneras de resguardarse políticamente bajo sus propios intereses y condiciones, esto los lleva a ser tanto el punto de debate, como el target electoral más importante.

En esa época las cosas eran especialmente esperanzadoras para mí, por primera vez cuando volviera a mi país podía ejercer el derecho al voto y lo mejor, el candidato que siempre quise ver en las presidenciales había llegado a la segunda vuelta. Si usted no lo recuerda bien, en 2010 el Partido Verde era, supuestamente, la gran alternativa política que cobijaba a los jóvenes de manera directa y concentrada. Muchos de los menores de 30 años que aún teníamos el corazón lleno de rojo- izquierda moderada, creíamos en la genialidad del hombre que se nos presentó como el ideal para una nueva generación de ciudadanos comprometidos con nuestro país: Antanas Mockus. Mientras que al otro lado estaba la representación de la política tradicional y más aún, la continuación de una administración violenta y beligerante: El patiño de momento de Uribe, Juan Manuel Santos.

Al regresar a Colombia quedé con el sabor de cambio impregnado en todo mi ser, Mockus llegó a segunda vuelta y todo parecía posible. El idealismo del que fui contagiado por medio de propaganda -muy bien pensada- se unía a ese patriotismo que nos da a todos cuando hemos dejado nuestro hogar por un buen tiempo. La ola verde me contagió y sentí que podía vivir la mejor época política y social que se avecinaba en el país.

La realidad fue otra, como todos saben. No ganó Mockus, el Partido Verde demostró que es otro centro de corrupción que con el tiempo se fue deformando dentro del sistema político del país, ganó el que desde el principio se sabía iba a ganar y esa ola de esperanza se apagó. El stablishment, el establecimiento, triunfó en el país, como suele hacerlo, y esa avasalladora fuerza juvenil se fue difuminando en varios partidos y fuerzas políticas que no han logrado ese mismo poder de enganche como lo fue la Ola Verde de 2010.

Esos recuerdos de unos pocos meses esperanzadores, donde se podía ver una campaña política ciertamente atractiva, mientras la otra estaba dedicada a desacreditar a su contendiente, me dieron la sensación de estar repitiendose en Estados Unidos en la campaña para elegir el candidato presidencial del Partido Demócrata en las elecciones de 2016.

Bernie Sanders llegó a los jóvenes con varias ideas claras: Educación superior gratuita, sanidad pública universal, lucha contra el cambio climático, reforma migratoria y del sistema judicial, vacaciones y bajas de maternidad pagadas para los trabajadores, fin de las contribuciones de las corporaciones a las campañas políticas, mayor control de Wall Street y sus bancos, fin de las rebajas fiscales para los ricos y una reducción en varios programas armamentistas del gigante norteamericano; claramente propuestas que al ser llevadas a un público joven suenan muy atractivas.

La campaña fue un éxito. En varias ciudades como Seattle, en el estado de Washington, se reunieron más de 15.000 personas, más de 20.000 en Portland, estado de Oregon. Inclusive en julio de 2015 llegó a hacer lo impensado, triunfar en ciudades consideradas territorio republicano, como Phoenix, en Arizona y Dallas, en Texas; reuniendo a 11.000 y 8.000 personas respectivamente.

A diferencia de Hillary su poder residía en las redes sociales, el furor por Bernie llegó al punto que en Twitter por más de tres semanas el HT #FeeltheBern estuvo en las primeras listas en todo el territorio estadounidense. Sanders más allá de representar una fuerza opositora a la destructora, pero igual de seductora, campaña de Donald Trump, se mostraba como una alternativa a todo, a la política tradicional, al Partido Demócrata, a las acostumbradas campañas poco propositivas que se veían en los últimos años en las diferentes contiendas presidenciales.

A pesar de su edad, su apariencia venerable y sus plateados cabellos, Bernie era el candidato de los jóvenes, como lo fue Mockus en 2010, casi calcado, un humanista luchando con los tradicionales pragmáticos y acomedidos políticos. La semejanza de ambas campañas llegó al punto que ambas tuvieron el mismo resultado: un impulso muy fuerte al inicio y una dramática derrota contra el Stablihsment. Hillary volvía al ruedo, era la demostración de que los países prefieren a malo conocido que bueno por conocer. La ex primera dama logró 2.755 votos de los delegados, muy por encima de los 2.310 necesarios para ser la carta demócrata.

La ola sigue en vigencia, en el pasado encuentro nacional del partido demócrata DNC (por sus siglas en inglés) muchos de los participantes aún seguían cantando arengas a favor de Sanders, exigían un recuento en los votos y denunciaban el caso de los correos borrados por Clinton que la incriminaban en el envío de información secreta mientras ejercía en el cargo de Secretaria de Estado entre 2009 y 2013. Aun así, en la convención tuvo el apoyo de Sanders, que días atrás dió un discurso donde pedía a sus seguidores apoyar a Hillary en adelante.

¿Qué les queda a los millones de seguidores del senador de Vermont? Apoyar con las manos atadas a alguien en quien no creen, porque la otra persona que está ahí es la peor opción de todas, votar por el menos malo es lo que les queda en realidad. Eso me recuerda a otra época electoral en Colombia donde se vivía el mismo sentimiento, pero esa es otra historia.

@CAANCAPU

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