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Sobre el Lorenzo que conocí: Impresiones de la exposición “Lorenzo Jaramillo: No Como los Otros”

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A la entrada lo hallé, con su mirada cálida, pero también con una cierta reserva y ¡claro! como cuando uno se encuentra frente a uno de sus maestros: sentí la timidez frente a la sabiduría.

La exposición de Lorenzo Jaramillo que hoy se encuentra en el Museo Nacional de Colombia y en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, nos da la oportunidad de conocer a uno de los grandes artistas colombianos, el cual, en mi precariedad intelectual, podría decir que hizo parte de esa ‘Vanguardia Criolla’, que nació en los años 70’s y se detuvo en los 90’s, de la que hicieron parte personajes  relevantes como Andrés Caicedo con los inicios del Cine Club y de Luis Ospina y Carlos Mayolo, con la exploración de otros lenguajes visuales, de tomar la cámara en mano y de parodiar los reportajes y la vida cotidiana.

En un homenaje nacional, esta exposición nos conduce por medio de una propuesta de curaduría que destaca las múltiples facetas del artista universal que  fue Lorenzo y de una mirada siempre atenta de él a través de un recorrido desbordante, caótico, nostálgico. Labor del artista que nunca descansa, las pinceladas que evocan amores que nos llevan a lo lunfardo, a lo bizarro. Es como si poseídos por espíritus, nos permitieran develar el enigma del arte.

El recorrido es múltiple y amplio, pero  mi interés se concentra en destacar el Lorenzo que nutrió el teatro, y de una cierta nostalgia que podría hallarse en la obra, de los referentes que Lorenzo usaba para pincelar, para darle forma  a lo etéreo y quizá de exorcizar los fantasmas, los amores, los recuerdos.

La relación de Lorenzo con el teatro fue tan importante que podría decirse que gracias a él, hoy el concepto de escenografía y de director de arte goza de una importancia vital, como  un segundo autor que se piensa desde lo plástico, desde la misma elección de los materiales, y claro está, de la simbología que subyace en tal elección.

El Lorenzo Jaramillo que hallé en la exposición, fue uno vital hasta sus últimos días, uno que con la energía y la fuerza del que se sabe finito, quiso dejar un legado inmenso, aunque también me evoca la imagen de un pintor no en su chalé, sino de un pintor agobiado por los pesares. Quizá me equivoque, pero esta licencia “poética” me la permitiré, pues es lo que en mi suscitó la exposición.

Otro elemento importante en la obra de Lorenzo es la música. ¡Ah, qué gran gusto tenía Lorenzo!, un mar de sonidos se hallaban en su mente, y tratando de descifrar eso que Nietzsche decía: “Lo informe del sonido, de la música”. Lorenzo se atrevía a darle forma al sonido… ¡quien más que él podría hacer tal empresa!  Pero sin desviarnos del tema, la música en la obra de Lorenzo Jaramillo, es de una suma importancia, conocedor como ninguno de géneros tan hermosos como la música clásica, el jazz en sus inicios, el tango; cada género con un algo especial, un matiz que Jaramillo lograba vislumbrar y pincelar.

Es así que, qué podría uno decir, ir a la exposición es una parada obligada, por rendir un homenaje a uno de los grandes, pero también para extasiarnos, para comprender un poco nuestro arte que trascendió fronteras.

Eduardo Narváez
@AntoninKafka

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