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Droga de calidad

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El fenómeno de la droga siempre ha sido tratado en Colombia con una gran hipocresía, producto de una visión moralista del tema. Porque ignorar un hecho, no hace que el hecho deje de serlo, y por otro lado, el uso de sustancias psicoactivas es una realidad global. Por supuesto que el narcotráfico es un negocio perverso que produce miles de muertes al año, desde su cadena de producción hasta sus consumidores finales, pero no es por la existencia de las drogas en sí mismas, sino por la figura represiva que se ha creado en torno a su consumo. Es la prohibición la que convierte al narcotráfico en un negocio tan rentable para los capos y, también, cómo no, para la industria armamentista, porque no se puede librar una guerra contra el narcotráfico sin armas y sus fabricantes y sus aliados en los Estados lo saben.

El primer problema es que durante muchos años, la política antidrogas de Colombia -impuesta a la mala por Estados Unidos- atacaba a los eslabones más débiles de la cadena: los consumidores, muchos de los cuales requerían un tratamiento médico integral para terminar con su adicción; los cultivadores, campesinos a merced de grupos armados ilegales, coaccionados para cultivar ante el abandono de un Estado débil y corrupto y la consecuente proliferación de economías irregulares.

Los acuerdos de paz entre el gobierno y las Farc de La Habana, plantean la sustitución de cultivos ilícitos, proceso que será acompañado por esa guerrilla y que obliga al Estado no solo a ser garante de la sustitución sino a brindar protección a las comunidades en zona de influencia de grupos armados que se lucran del narcotráfico. Por otra parte, en los últimos años se han generado directrices de salud pública (como los Centros de Atención Médica a Drogodependientes que operaron durante cerca de 4 años en Bogotá y la legalización de la marihuana con fines medicinales) que comienzan a dejar de tratar a los consumidores como delincuentes para entenderlos como personas que eventualmente podrían requerir atención médica y psicológica. Entender la drogadicción como un problema de salud pública es un avance, pero no es la totalidad de la tarea.

La globalidad del fenómeno de la droga implica la existencia de varios tipos de consumidores y es necesario comprender que no todos los consumidores de sustancias psicoactivas pueden ser catalogados como adictos. Existen consumidores habituales que utilizan drogas siendo plenamente conscientes de sus efectos nocivos para la salud, pero que no son drogodependientes. Para poner un ejemplo, no es lo mismo un paciente con alcoholismo que un bebedor social.

Y volvemos entonces al problema inicial, que es el moralismo -el puritanismo, más bien- con que se ve y se trata el tema. Este es el punto en el que el arte -como en otros momentos de fluctuación social y política- puede jugar un papel esencial. Triple X es una banda bogotana de punk con 18 años de trayectoria, que posee un discurso propio y contundente frente al consumo de droga: son consumidores habituales y lo admiten abiertamente. Cuestionan, claro, que un Estado tenga la facultad de decirle a los ciudadanos qué sustancia pueden o no pueden utilizar. Han sido consecuentes con su discurso durante toda su trayectoria y han ido más allá. Su más reciente álbum, Droga de calidad, reivindica no solo el hecho de consumir de manera consciente, sino el de consumir de manera responsable. Dicho en palabras de Triple X: Drogate, pero encárgate de hacerlo bien, drogate, pero exige calidad. Y la mejor, o quizás la única manera de hacerle frente al fenómeno de la droga es poniendo los pies en la tierra y exigiendo precisamente eso: droga de calidad.

Pero volvamos al ladrillo:

La otra parte de la tarea es comprender que el consumo de droga es una realidad que no va a desaparecer y por ende se requieren no solamente campañas de prevención y para desincentivar su uso, sino también campañas de consumo responsable que ayudarían a prevenir efectos relacionados con la utilización de drogas, como el contagio de enfermedades por el uso compartido de agujas y jeringas. La única manera de lograr esto es haciendo que Colombia dé un giro en su política interna antidroga, generando directrices propias e independientes de los Estados Unidos, y que de manera autónoma se apueste por la legalización de las drogas, para que sea el Estado quien controle sus cadenas de siembra, producción, distribución y consumo. Todo muy fácil. El problema, claro, es que hay que pedirle permiso a Estados Unidos, y -para no mencionar sus intereses económicos y políticos- ello pondría en riesgo los recursos para el posconflicto y un etcétera que el gobierno no está dispuesto a asumir.

Uno podría incluso hacer un meme para explicarlo de una manera más sencilla. Colombia le dice a Estados Unidos:

– Tengo la solución al problema de la droga en Colombia, pero ya no vas a ganar plata como antes.

Y Estados Unidos responde:

– ¡Huy, así qué chiste!.

Andrés Felipe Castañeda M.
@acastanedamunoz

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